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Recomendaciones para Día del Libro

 

El final de un libro conlleva un sentimiento de profunda y triste pérdida, de que ya nada queda, de finalización, pero también de un nuevo comienzo. El final de un libro implica el comienzo de otro libro o incluso el comienzo del mismo libro. En nuestra vida las cosas se acaban y no existe forma de volver hacia atrás. No obstante, en la literatura, afortunadamente, tenemos la posibilidad de comenzar una misma historia por segunda vez. En consecuencia, ese sentimiento de pérdida se convierte en una alegría que pocos comprenden o viven.

¦ #AdoptaUnaAutora ¦ Encuentro con Clarice Lispector


 «Escribo para hacer y hacerme existir». 

Mi encuentro con Clarice Lispector fue casual como lo son los mejores recuerdos —hablando en todo momento de un encuentro entre libro y lectora, pues ella forma parte de un pasado que no hemos compartido, lamentablemente—.

Desde el balcón del piso en el cual sigo viviendo se podría ver una librería si no fuera por los grandes edificios que la ocultan y la carretera temible que nadie se atrevería a cruzar en el caso de que no hubiera un semáforo que se encendiera y apagara. Me atrevería a afirmar que su construcción fue llevada a cabo con la intención de esconderla, aunque suene muy extraño y surrealista. No obstante, no se trata de una librería fantasma, porque yo he estado ahí. ¡Realmente lo hice! Y tampoco me habría dado cuenta de la existencia de ese lugar, pero mi amor por los libros es tan enorme que no existe librería que se me escape. Mi amor los delató; mi amor me llevó hacia ellos.

¦ #ProyectoJulia ¦ El libro de Julia


Esta entrada es escrita y compartida con el fin último de poseer una fuente de motivación, pues si no la hubiera hecho pública, quizás el proyecto tardaría mucho más en crecer, muchísimo más. 

#ProyectoJulia nació de forma espontánea ya que en ningún momento pensé dedicarme a crear y escribir otra historia, no en estos momentos de mi vida; surgió a partir de un libro que compré hace unos meses en una librería de segunda mano —una librería que, por cierto, es maravillosa—. Se trata de Días de infancia de Máximo Gorki, un escritor ruso que descubrí hace un tiempo gracias a los retos en los cuales fui sumergida con Omaira. Leí ese libro antes de que lo hubiese encontrado en la librería, pero, aunque ya lo había leído, decidí comprarlo porque me había gustado demasiado como para no tenerlo cerca y poder volver a leerlo si llegase a sentir la necesidad de hacerlo. Lo compré, lo olí y lo dejé junto a los otros libros recientemente adquiridos. Días más tardes lo volví a coger y fue cuando me di cuenta de que entre las primeras páginas habían unas palabras que no eran de Máximo Gorki ni eran mías, eran de una tercera persona, eran de Julia.