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¦ Versos ¦ Las flores del mal

« El Arte es largo y el Tiempo es corto »
Charles Baudelaire


—¡Oh, dolor! ¡oh, dolor! ¡El tiempo devora la vida,
Y el oscuro Enemigo que nos roe el corazón
Con la sangre que perdemos crece y se fortifica!
(El enemigo, 1855)

—¡Ella llora, insensata, porque ella ha vivido!
¡Y porque vive! Pero lo que ella deplora
Sobre todo, lo que la hace temblar hasta las rodillas, 
Es que mañana, ¡ah! ¡Tendrá que vivir todavía!
¡Mañana, pasado mañana y siempre! 
(La máscara, 1859)

De Satán o de Dios ¿qué importa? Ángel o Sirena,
¿Qué importa si, tornas —hada con ojos de terciopelo,
Ritmo, perfume, fulgor ¡oh, mi única reina!—
El universo menos horrible y los instantes menos pesados?
(Himno a la belleza, 1860)

La grandeza de este mal en que te crees sabia
¿No te ha hecho nunca retroceder de espanto,
Cuando la natura, grande en sus designios ocultos,
De ti se sirve, ¡oh mujer! ¡oh reina de los pecados!
—De ti, vil animal—, para amasar un genio?
(Tú pondrías al universo entero, 1857)

Donde todo no es más que oro, acero, luz y diamantes,
Resplandece eternamente, cual un astro inútil, 
La fría majestad de la mujer estéril.
(Con su vestimenta, 1857)

Te dirá: "¿De qué te sirve, cortesana imperfecta,
No haber conocido lo que lloran los muertos?"
—Y el gusano roerá tu piel como un remordimiento.
(Remordimiento postumo, 1855)

Esos juramentos, esos perfumes, esos besos infinitos,
¿Renacerán de un abismo vedado a nuestras sondas,
Como suben al cielo los soles rejuvenecidos
Luego de lavarse en el fondo de los mares profundos?
—¡Oh, juramentos! ¡oh, perfumes! ¡oh, besos infinitos!
(El balcón, 1857)
La Enfermedad y la Muerte producen cenizas
De todo el fuego que por nosotros arde.
De aquellos grandes ojos tan fervientes y tan tiernos,
De aquella boca en la que mi corazón se ahogó.
(El retrato, 1860)

¿De dónde os viene, decís, esa tristeza extraña,
Trepando como el mar sobre el peñón negro y desnudo?
—Cuando nuestro corazón ha hecho una vez su vendimia,
¡Vivir es un mal! Es un secreto de todos conocido,
Un dolor muy simple y nada misterioso.
(Semper Eadem, 1860)

Lo Irreparable roe con su diente maldito
Nuestra alma, lastimoso monumento,
Y con frecuencia ataca, como el termita,
Por la base el edificio.
¡Lo Irreparable roe con su diente maldito!
(Lo irreparable, 1857)

No busques más mi corazón; las bestias lo han devorado.
Mi corazón es una palacio mancillado por el tumulto;
¡En él se embriagan, se matan, se arrancan los cabellos!
—¡Un perfume flota alrededor de tu garganta desnuda!
(Platica, 1857)

Y sin embargo, ámame, ¡corazón tierno! sé maternal
Hasta para un ingrato, aún para un perverso;
Amante o hermana, sé la dulzura efímera
De un glorioso otoño o de un sol poniente.
(Canto de otoño, 1859)

Pero, las tinieblas son ellas mismas las telas
donde viven, brotando de mis ojos por millares,
Los seres desaparecidos de las miradas familiares.
(Obsesión, 1860)

¡Yo soy la herida y el cuchillo!
¡Yo soy la bofetada y la mejilla!
¡Yo soy los miembros y la rueda,
Y la víctima y el verdugo!
(El Heotontimorumenus, 1857)

¡Recuerda! que el Tiempo es un jugador ávido
Que gana sin trampear, ¡en todo golpe! es la ley.
El día declina; la noche aumenta: ¡recuerda!
El abismo tiene siempre sed; la clepsidra se vacía.
(El reloj, 1860)

Incesante a mi vera se agita el Demonio;
Flota alrededor mío como un aire impalpable;
Lo aspiro y lo siento que quema mis pulmones
Y los llena de un deseo eterno y culpable.
(La destrucción, 1855)

Es la Muerte que consuela, ¡ah! y que hace vivir;
Es el objeto de la vida, y es la sola esperanza
Que, como un elixir, nos sostiene y nos embriaga,
y nos da ánimos para avanzar hasta el final;
(La muerte de los pobres, 1852)


¡Quiero dormir! ¡Dormir antes que vivir!
En un sueño tan dulce como la muerte,
Yo derramaré mis besos sin remordimiento,
Sobre tu hermoso cuerpo pulido como el cobre.
(El leteo, 1857)

Que tomo con frecuencia los hechos por mentiras,
Y que, los ojos hacia el cielo, caigo en los agujeros.
Pero, la voz me consuela y dice: "Guarda tus sueños;
¡Los sabios no los tienen tan hermosos como los locos!"
(La voz, 1840)

¿Qué me importa que seas discreta?
¡Sé bella! ¡Y sé triste! Las lágrimas 
Agregan un encanto al rostro,
Como el río al paisaje;
La tempestad rejuvenece las flores.
(Madrigal triste, 1861)

Tengo miedo del sueño como se teme un gran agujero,
Colmado de vago horror, llevando no se sabe dónde;
No veo más que infinito por todas las ventanas.
Y mi espíritu, siempre de vértigo ahíto,
Celoso del vacío de la insensibilidad.
(El abismo, 1862) 


« El Arte es largo y el Tiempo es corto »
Las flores del mal (goodreads)


Comentarios

  1. ¡Hola, Diana! ¿Cómo estás, guapa? No conocía el libro "Las flores del mal", pero por las citas te entran ganas de leerlo. Algunas me gustan mucho, sobre todo la última.
    Un besazo.

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