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« Indigno de ser humano »
Osamu Dazai (goodreads)

  • La verdad es que no tengo la más remota idea de lo que es vivir como un ser humano. 
  • Suele decirse que si no se come, se muere; pero a mis oídos esto suena como una intimidación maligna.
  • Podría decirse que todavía no he comprendido lo que mantiene vivo al ser humano. 
  • Me pregunto si soy feliz. Desde pequeño me han dicho muchas veces que soy afortunado; pero mis recuerdos son de haber vivido en el infierno. Esos que me tildaron de dichoso, al contrario, parecen haber sido incomparablemente más felices, que yo.
  • Quizá así sea el ser humano, y esto es lo máximo que podamos esperar de él. No lo sé…
  • Me persigue la inquietud y el miedo de sentirme diferente a todos. Casi no puedo conversar con los que me rodean. No sé qué decir, ni cómo decirlo.
  • Pese a que temía tanto a la gente, al parecer era incapaz de renunciar a ella. 
  • Mientras que en la superficie mostraba siempre un rostro sonriente, por dentro mantenía una lucha desesperada, que no daba fruto más que en el uno por mil, para ofrecer ese agasajo.
  • En algún momento, me convertí en un niño que nunca podía decir la verdad. 
  • Y como yo no tenía la menor idea de cómo actuar respecto a esa verdad, comencé a pensar que no me era posible vivir con otros seres humanos.
  • Siempre me había dado miedo la gente y, debido a mi falta de confianza en mi habilidad de hablar o actuar como un ser humano, mantuve mis agonías solitarias encerradas en el pecho y mi melancolía e inquietud ocultas tras un ingenuo optimismo. 
  • Debía ser como la nada, el viento, el cielo.  
  • Como me preguntó de repente qué quería, lo primero que se me ocurrió es que no quería nada. Me pasó por la cabeza que tanto daba; de todas maneras, nada me causaría alegría.
  • Me cuesta entender que el ser humano viva o quiera vivir con pureza, claridad y felicidad en medio de toda esta mentira mutua.  
  • Durante unos momentos, me pareció que el mundo había quedado envuelto en las llamas del infierno y tuve que hacer un gran esfuerzo para no dar un grito enloquecido.
  • También me di cuenta de que las mujeres duermen con tanta profundidad como si estuvieran muertas; me pregunto si no viven para dormir. 
  • Está claro que las mujeres saben disfrutar de los placeres más que los hombres.
  • Mis cuadros eran tan lúgubres que casi me dejaban helado a mí mismo. En ellos estaba plasmada mi verdadera naturaleza, que mantenía escondida en lo más profundo de mi corazón.
  • Sentía que la sociedad humana no era sólo economía, sino que en el fondo acechaba algo misterioso.  
  • Pero, incluso si se podía decir que mi sufrimiento por las noches era el de un infierno de infinitas torturas, pronto se me hizo más querido que mi propia sangre y carne.
  • Daba la sensación de estar completamente aislada, como un árbol seco azotado por el frío viento en el que danzaran las hojas muertas. (...) Como una hoja muerta que se pudre en el fondo del agua.
  • Los cobardes temen hasta la felicidad. Pueden herirse incluso con el algodón. A veces, hasta la felicidad les hiere. 
  • Tsuneko también parecía exhausta de existir como un ser humano. 
  • Ella murió y yo fracasé en el intento.
  • En el mundo, igual que en el mar, existían lugares de profundidad inmensa, y esa sombra extraña quizá se pudiera descubrir en su fondo. 
  • Los seres humanos no pueden relacionarse más allá de la rivalidad entre ganar y perder. 
  • Deseaba que me llegara alguna inmensa felicidad, aunque después le siguiera la desgracia más profunda.
  • En el fondo, Horiki no me trataba como a un ser humano sino como a un deshonrado que escapó a la muerte, un fantasma imbécil, un cadáver viviente; (...) ya que desde niño era indigno de ser humano, y quizá fuera muy razonable que hasta él me despreciara.
  • La bondad y la maldad son conceptos inventados por el ser humano, palabras de una moralidad que se fabricó a su gusto.
  • En este mundo hay muchos tipos de gente infeliz… Mejor dicho, no exageraría si dijese que el mundo está formado por personas desgraciadas. 
  • Por lo visto, toda la diferencia es que los que estamos aquí encerrados somos locos, y los que están fuera son normales.
  • Indigno de ser humano. Dejé por completo de ser una persona. 
  • Perdí las ganas de luchar e incluso la capacidad de sufrir.
  • En mi existencia ya no existe la felicidad o el sufrimiento. Todo pasa. Esa es la única verdad en toda mi vida, transcurrida en el interminable infierno de la sociedad humana. Todo pasa. 
  • Estaba en el mar, había perdido pie, el agua me engullía, me ganaba, perdía los puntos de apoyo, ya no había tierra en ninguna parte, el mundo ya no me quería.
  • Acababa de enterarme de la terrible noticia a la que, un día u otro, todo humano tiene que enfrentarse: lo que amas, lo perderás. 
  • «Lo que te ha sido dado te será arrebatado»: ésa es la norma.
  • Sólo existen dos actitudes posibles: o bien uno decide no encariñarse con las personas y las cosas, con el fin de que la amputación no resulte tan dolorosa; o, por el contrario, uno decide amar todavía más a las personas y las cosas, poner toda la carne en el asador, «ya que no estaremos mucho tiempo juntos, te voy a dar en un año todo el amor que te habría podido dar en una vida».

Comentarios

  1. Osamu Dazai es, para mí, ese autor en el que siempre te fijas pero nunca te atreves a leer. Aunque, después de tanta cita estupenda, lo tengo decidido, no puedo retrasar más ponerme con él.
    Besos,

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