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¦ Versos ¦ Elegías de Duino | Sonetos a Orfeo

Fotografía: Museo del Louvre, París

« ¿De quién podemos valernos? No de ángeles ni de hombres. »
Rainer Maria Rilke


Sí, las primaveras te han necesitado.
Y entre las estrellas muchas te obligaban
a que las sintieras.
(Primera Elegía de Duino)

Recuerda que el héroe se mantiene siempre; 
no fue su caída más que un subterfugio 
para ser: un nuevo, sumo nacimiento.
(Primera Elegía de Duino) 

Raro los deseos no desear como antes; 
raro ver flotando tan libre en el aire 
lo que estaba unido. 
(Primera Elegía de Duino)

Los ángeles mismos (se dice) a menudo 
no sabrían si andan por entre los vivos 
o los que ya han muerto.
(Primera Elegía de Duino)

Cuando el uno al otro os alzáis en brazos 
bebiendo en la boca... sorbo contra sorbo... 
¡con qué extraña prisa se evade del acto luego el bebedor! 
(Segunda Elegía de Duino)

¿No le debe a los astros esa íntima mirada 
que él hunde en la pureza de sus ardientes ojos?
(Tercera Elegía de Duino)

¿Crees que tu ligera presencia habría sido 
capaz de conmoverlo de esa manera acaso? 
¿Tú, la que como el viento de la mañana pasas? 
(Tercera Elegía de Duino)

Verdad que amaba. Amaba su mundo interno, el caos 
de su interior, la selva milenaria que dentro 
llevaba, sobre cuyo derrumbe silencioso 
su corazón se erguía resplandeciente y verde.
(Tercera Elegía de Duino)

¡Basta de súplicas! ¡Basta! Que una voz nacida en ti 
sea el alma de tu grito; grito puro en otro tiempo 
como el reclamo del pájaro cuando la estación lo exalta.
(Séptima Elegía de Duino)

En ninguna parte, amada, habrá mundo sino adentro.
Nuestra vida no es más que una transformación incesante.
Y, cada vez más exiguo, desaparece lo externo.
(Séptima Elegía de Duino)

Pero te aplastaron al fin, furibundas, locas de venganza;
mientras en peñascos aún y en leones tu voz perduraba,
y en pájaros y en árboles. Ahí es donde ahora cantas todavía.
¡Oh, Tú, Dios perdido! ¡Tú, huella infinita! Sólo porque el odio
desgarró tu cuerpo divino y al cabo lo esparció en pedazos,
somos los oyentes ahora y la boca de todas las cosas.
(Primera parte, Sonetos a Orfeo)

¿Me conoces, Aire, lleno aún de sitios que antes fueron míos? 
¿Tú, que fuiste alguna vez de mis palabras 
la corteza lisa, la curva y la hoja?
(Segunda parte, Sonetos a Orfeo)
Con la ilusión de ser sólo vivía
y ésta le dio tal fuerza que en la frente
le creció al animal un cuerno. Un cuerno.
(Segunda parte, Sonetos a Orfeo)

Es la vida...cree que ella la comprende mejor que ninguno, 
ella que con ciega decisión ordena, produce y destruye.
(Segunda parte, Sonetos a Orfeo)

Precede a toda despedida, cual si estuviera tras de ti, 
como este invierno que se marcha por momentos. 
Pues entre todos los inviernos, hay un invierno tan inmenso 
que, si lo pasa, íntegramente, vivirá tu corazón.  
(Segunda parte, Sonetos a Orfeo)

Sé, conociendo al mismo tiempo la condición de lo que no es, 
el infinito fundamento de tu recóndito aleteo 
para que al fin cumplas tu vuelo, una vez sola, plenamente.
(Segunda parte, Sonetos a Orfeo) 


« ¿Acaso tiene el universo donde nos diluimos un sabor humano? »
Rainer Maria Rilke

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