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« El segundo sexo »
Simone de Beauvoir (goodreads)

I. Los Hechos y los mitos. 

  • La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer, no en sí, sino en relación con él. (...) Y ella no es más que lo que el hombre decida. 
  • Las mujeres no se equivocan cuando rechazan las reglas que se introducen en el mundo, sobre todo porque los hombres las hicieron sin ellas. 
  • ¿En qué medida el hecho de ser mujeres ha afectado a nuestra vida? 
  • Es como si su destino se hiciera más pesado a medida que se rebela contra él afirmándose como individuo. (...) Como media, las mujeres viven tanto tiempo como los hombres, pero están enfermas con mucha mayor frecuencia y hay numerosos periodos en los que no pueden disponer de ellas mismas.
  • Si el hombre se eleva por encima del animal no es dando la vida, sino arriesgándola; por esta razón, en la humanidad la superioridad no la tiene el sexo que engendra, sino el que mata.
  • Su desgracia es haber estado biológicamente condenada a repetir la Vida, cuando a sus ojos la Vida no lleva en sí razones de ser, y estas razones son más importantes que la vida misma. 
  • Sólo han pretendido crear un territorio femenino —regla de la vida, de la inmanencia— para encerrar en él a la mujer.
  • Los hombres hacen los dioses, las mujeres los adoran. (...) El lugar de la mujer en la sociedad siempre es el que ellos le asignen; en ninguna época impuso su propia ley. 
  • Y sin embargo, el Mal es necesario para el Bien, la materia para la idea y la noche para la luz. 
  • Una libertad vacía: es libre «para nada».
  • Cuanto más sometidas han estado las mujeres por las leyes, más peligroso ha sido su poder... Disminuiría si las mujeres tuvieran menos interés en conservarlo, si dejara de ser para ellas el único medio de defenderse y de escapar a la opresión. 
  • La mujer es superior al hombre, a saber: Materialmente: porque Adán está hecho de arcilla y Eva de una costilla de Adán. Por el lugar: porque Adán fue creado fuera del paraíso y Eva en el paraíso. Por la concepción: porque la mujer concibió a Dios, lo que el hombre no pudo hacer. Por la aparición: porque Cristo después de su muerte apareció a una mujer, a saber, Magdalena. Por la exaltación: porque una mujer fue exaltada por encima del coro de los ángeles, a saber, la bienaventurada María...
  • Toda la historia de las mujeres ha sido realizada por los hombres.
  • El gran hombre nace de la masa y lo arrastran las circunstancias, pero la masa de mujeres queda al margen de la historia, y las circunstancias son para cada una de ellas un obstáculo y no un trampolín. 
  • Para cambiar la faz del mundo, primero hay que estar sólidamente anclado a él. 
  • No es la inferioridad de las mujeres lo que determina su insignificancia histórica: su insignificancia histórica las condena a la inferioridad. 
  • A decir verdad, no se nace genio: se llega a serlo, y la condición femenina ha hecho imposible hasta ahora este devenir.
  • El resultado es que la mujer se conoce y se elige, no en la medida en que existe para sí, sino tal y como la define el hombre. 
  • De modo que, incapaz de realizarse en soledad, el hombre en sus relaciones con sus semejantes está siempre ne peligro: su vida es una empresa difícil cuyo éxito nunca está garantizado.
  • El hombre afirma una vez más con una ingenuidad arrogante que su presencia en este mundo es un hecho ineluctable y un derecho; la de la mujer es un simple accidente, aunque un accidente afortunado. 
  • Las mujeres no tienen ni religión ni poesía que les pertenezcan auténticamente: sueñan a través de los sueños de los hombres. Adoran a los dioses fabricados por los hombres. 
  • Es un ídolo, una criada, la fuente de la vida, una potencia de las tinieblas, es el silencio elemental de la verdad, es artificio, charloteo y mentiras, es la sanadora y la bruja; es la presa del hombre, es su pérdida, es todo lo que no es y desea tener, su negación y su razón de ser. 
  • De ella nace y en ella muere; es la fuente de su ser y el reino que somete a su voluntad; es una ganga material en la que el alma está presa, y es la realidad suprema; es la contingencia y la Idea, la finitud y la totalidad; es lo que se opone al Espíritu y el Espíritu mismo. (...) La mujer resume la naturaleza como Madre, Esposa e Idea. Estas imágenes se confunden y se enfrentan y cada una de ellas presenta un doble rostro. 
  • Quisiera ser necesario como una pura Idea, como el Uno, el Todo, el Espíritu absoluto; y sin embargo, está encerrado en un cuerpo limitado, en un lugar y un tiempo que no ha elegido, al que no había sido llamado, inútil, inoportuno, absurdo. 
  • El hombre quiere vivir, pero al mismo tiempo aspira al descanso, al sueño, a la nada. No desea ser inmortal, y así puede aprender a amar a la muerte.
  • Las vírgenes no dominadas por el hombre, las solteronas que se escapan de su poder, tienen más posibilidades de ser tomadas por brujas, porque como la suerte de la mujer es estar consagrada a otro, si no está bajo el yugo del hombre, es porque está dispuesta a aceptar el del diablo.
  • La Iglesia es la expresión de una civilización patriarcal, a la que sirve, en la que conviene que la mujer permanezca como un anexo del hombre. 
  • La Musa no crea nada por ella misma; es una Sibila sensata que se convierte dócilmente en la sierva de un amo.
  • Para despertar a la Bella Durmiente, antes tiene que estar dormida; hacen falta ogros y dragones para que existan princesas cautivas.
  • La verdadera victoria del hombre liberador o conquistador, es que la mujer le reconozca libremente como su destino.
  • Lo que complace al Príncipe Azul es la sonrisa de la Bella Durmiente; las lágrimas de felicidad y gratitud de las princesas cautivas dotan de realidad a la proeza del caballero. 
  • El heroísmo y la poesía son formas de seducción que son exaltadas por la mujer al dejarse seducir. 
  • Los hombres no son mis semejantes, son los que me miran y me juzgan; mis semejantes son los que me aman y no me miran, que me aman contra todo, que me aman contra la decadencia, contra la bajeza, contra la traición, a mí y no a lo que he hecho o haré, que me amarán mientras me ame yo mismo. 
  • Desde el momento en que la mujer es libre, ya no tiene más destino que el que se crea libremente.
  • Por esta razón la mujer tiene un rostro doble y desolador: es todo lo que el hombre busca y todo lo que no alcanza. 
  • Al serlo todo, nunca es precisamente aquello que debería ser; es la perpetua decepción, la decepción misma de la existencia que nunca consigue alcanzarse y reconciliarse con la totalidad de los existentes. 
  • Le basta denunciar su estupidez para creerse inteligente, su cobardía para creerse valeroso. 
  • La razón es que el principio solar tiene que triunfar sobre la trivialidad terrestre; pero este principio, ya lo hemos visto, no ilumina ningún fin: exige la destrucción y nada más. 
  • Los falsos héroes, para convencerse de que han llegado lejos, de que vuelan alto, siempre miran hacia atrás, a sus pies; desprecian, acusan, oprimen, persiguen, torturan, masacran. Si se estiman superiores a su prójimo es por el mal que le causan. 
  • En lugar de entregarse a este mundo que no sabía fertilizar, se contentó con mirarse en él, y ordenó su vida en función del interés de este espejismo visible sólo para sus ojos.
  • Ha aprendido de Nietzsche que «la mujer es el entretenimiento del héroe» y cree que basta con entretenerse con mujeres para ser consagrado héroe. 
  • Ni el hombre ni la mujer tienen que aparecer como el fragmento quebrado de una pareja; el sexo no es una herida; cada uno es un ser completo, perfectamente polarizado.
  • Al venerar a la mujer en Dios, se la puede tratar en este mundo como a una esclava: se puede incluso exigir de ella la sumisión total, es más, cuanto más total sea la sumisión que se le exige, más seguridad habrá de que emprende el camino de su salvación. (...) Santificar esta jerarquía en nombre de la voluntad divina no es modificarla en absoluto, sino pretender congelarla en la eternidad. 
  • Si se encuentran en la historia pocos genios femeninos, es porque la sociedad les niega cualquier medios de expresarse.
  • Habría que dar a las mujeres exactamente la misma instrucción que a los chicos. 
  • No son ni ángeles, ni demonios, ni esfinges: son seres humanos que costumbres imbéciles han reducido a una semiesclavitud.
  • Pero la mera libertad no es suficiente para dotarlas de tanto atractivo novelesco: una libertad pura se reconoce en la estima, pero no en la emoción; lo que conmueve es su esfuerzo por realizarse a través de los obstáculos que la limitan; en las mujeres la lucha es más patética cuanto más difícil.
  • No obstante, los retos más difíciles de vencer son los que cada cual encuentra en su interior: entonces es cuando la aventura de la libertad resulta más incierta, más desgarradora, más aguda.
  • ¿Se puede confiar en los demás? ¿Es posible confiar en el propio corazón? ¿Cuál es el valor del amor y de los juramentos? ¿Es locura o generosidad creer y amar? Estas preguntas afectan al sentido mismo de la vida, el de cada cual y el de todos. 
  • A los ojos de Dios, el hombre que actúa y la mujer que le sirve son exactamente iguales; cada cual debe superar su condición terrestre: la salvación es en todo caso una empresa autónoma. 
  • Decir que la mujer es misterio es decir, no que calla, sino que su lenguaje no es escuchado; está ahí, pero oculta bajo unos velos; existe más allá de esas inciertas apariciones. 
  • El hecho es que le daría mucho trabajo decidir quién es; la pregunta no tiene respuesta, pero no porque la verdad oculta sea demasiado cambiante para dejarse atrapar, sino porque en este terreno no hay verdad.
  • Mantenida al margen del mundo, la mujer no puede definirse objetivamente a través de este mundo y su misterio sólo oculta un vacío.
  • Reconocer en la mujer a un ser humano no es empobrecer la experiencia del hombre: no perdería nada de su diversidad, de su riqueza, de su intensidad si se asumiera en su intersubjetividad; rechazar los mitos no es destruir toda relación dramática entre los sexos, no es negar los significados que se revelan auténticamente al hombre a través de la realidad femenina; no es suprimir la poesía, el amor, la aventura, la felicidad, el sueño: es simplemente pedir que conductas, sentimientos, pasiones se fundamenten en la verdad. 
  • Lo que hay que esperar es que los hombres, por su parte, asuman sin reservas la situación que se está creando; sólo entonces podrá vivir la mujer sin desgarrarse. 
  • Entonces será plenamente un ser humano, cuando se rompa la servidumbre infinita de la mujer, cuando viva por ella y para ella, porque el hombre —hasta entonces abominable— le haya devuelto la libertad.

Comentarios

  1. Hola :) Aunque sean libros que no creo que vaya a leer, siempre me gusta ver citas o frases de los mismos, es como una forma de conocer un poquito de ellos. Un besin^^

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