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¦ Citas ¦ Los miserables (tercera parte)


« Los Miserables »
Victor Hugo (goodreads)

TERCERA PARTE

  • De cada traducción nace un partido; de cada contrasentido, una facción, y cada partido cree tener el único texto verdadero, y cada facción cree poseer la luz. 
  • Las revoluciones salen, no de un accidente, sino de la necesidad: una revolución es la vuelta de lo ficticio a lo real; existe porque debe existir. 
  • Y el mundo os dejará morir y caer; porque el mundo deja caer y morir todo lo que no es más que egoísmo, todo lo que no representa para el género humano una virtud o una idea.
  • El recuerdo de un ser ausente se ilumina en las tinieblas del corazón, y cuanto más completamente va desapareciendo, más brilla; el alma desesperada y oscura ve esta luz en su horizonte como una estrella de la noche interior. 
  • El alma que ama y padece se encuentra en un estado sublime.
  • Hay en el estado de ensueño congelaciones súbitas producidas por una sola palabra. Todo el pensamiento se condensa bruscamente alrededor de una idea y no es ya capaz de ninguna otra percepción. 
  • ¿Se está menos enfermo por ignorar el nombre de la enfermedad?
  • ¿Cómo he de tener culpa de una cosa en que no he puesto nada y en que nada sé?
  • No se hablaban, no se saludaban, no se conocían; se veían y, como los astros del cielo que están separados por millones de leguas, vivían de mirarse. 
  • No debe dejarse el alma de una joven tan completamente en la oscuridad, porque más adelante penetran en ella resplandores demasiado repentinos y demasiado vivos, como en una cámara oscura.
  • ¡Oh, amor! ¡Adoraciones! ¡Deleite de dos almas que se comprenden, de dos corazones que se cambian uno por otro, de dos miradas que se penetran! 
  • Amad a las almas y las volveréis a encontrar. 
  • ¡Qué gran cosa es ser amado! ¡Pero más es aún amar!
  • Todos, sin excepción, tenemos nuestros seres respirables. Si nos faltan, nos falta el aire y nos ahogamos. Entonces se muere. ¡Morir! ¡Por falta de amor es horrible! ¡La asfixia del alma!
  • Es muy tonto eso de perderse como personas de edad. ¡Ah! Sin embargo, es preciso luchar. 
  • ¿Acaso lo inferior de la civilización, sólo porque es más sombrío y más profundo, es menos importante que lo superior? ¿Se conoce bien la montaña cuando no se conoce la caverna?
  • ¿De dónde venimos? ¿Estamos seguros de no haber hecho nada antes de haber nacido? La Tierra no deja de tener semejanza con un presidio. ¡Quién sabe si el hombre no es más que un sentenciado de la justicia divina! Mirad la vida de cerca y veréis que en toda ella se encuentra el castigo.
  • ¿Sois lo que se llama un ser feliz? (...) En este mundo, vestíbulo de otro, evidentemente, no hay seres felices. La verdadera división humana es ésta: los luminosos y los tenebrosos. (...) También se padece en la luz, porque el exceso quema. La llama es enemiga de las alas. Arder sin cesar de volar es el prodigio del genio. 
  • Por más que se haga, nunca se podrá borrar del corazón del hombre el amor. 
  • La verdadera cuestión es ésta: el trabajo no puede ser una ley sin ser un derecho. 
  • Muchas veces dais el corazón y nosotros tomamos el cuerpo, y os queda el corazón y le miráis en la sombra temblando. 
  • El amor es la vida si no es la muerte; es cuna, pero tumba también. El mismo sentimiento dice sí y no en el corazón humano. 
  • Se tocaban, se miraban, se cogían de las manos, se apretaban uno contra otro; pero había una distancia que no atravesaban, y no era que la respetasen, sino que la ignoraban. 
  • Cosette para él era un perfume y no una mujer: la respiraba. 
  • Caballero, sois muy lindo, muy guapo, tenéis talento, no sois tonto del todo, sois más sabio que yo; pero os desafío con esta palabra: ¡te amo! 
  • Siempre que sopla el viento arrastra más sueños del hombre que nubes del cielo. 
  • La dulzura y la profundidad que constituyen la mujer, esto es, el cielo. 
  • Porque, cerrados los ojos, es como mejor se ve el alma.
  • Parecía que habían mezclado sus almas de tal modo que si hubiesen querido volver a tomar cada uno la suya les habría sido imposible conocerlas.
  • Pues bien; te doy mi palabra de honor más sagrada de que si te vas me moriré. 
  • Porque el vacío del corazón no se acomoda a un alma cualquiera.

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