.

.

¦ Versos ¦ El viento comenzó a mecer la hierba


« ¡Qué bueno regresar a mis libros! »
Emily Dickinson

254

«La esperanza» es esa cosa con plumas
que se posa en el alma
y canta una canción sin letra
y nunca, nunca se calla.
Y más dulce suena en el temporal,
y fuerte debe ser la tormenta
que pueda acallar al pajarillo
que a tantos consuela.
Lo he oído en las tierras más frías
y en los más exóticos mares,
aunque jamás me pidió una migaja,
ni en las mayores adversidades.



35

Nadie conoce esta pequeña rosa.
Podría haber sido una peregrina
si no la hubiera cogido yo de los caminos
y te la hubiera ofrecido a ti.
Sólo una abeja la echará de menos,
sólo una mariposa,
apresurándose tras un largo viaje
para descansar en su regazo.
Sólo un pájaro se preguntará dónde está.
Sólo una brisa suspirará.
¡Ah, pequeña rosa, qué fácil,
para alguien como tú, morir!

288


Yo no soy nadie. ¿Quién eres tú?
¿También tú no eres nadie?
¡Entonces ya somos dos!
¡No lo digas! Lo pregonarían, ya sabes.
¡Qué aburrido ser alguien!
¡Qué ordinario! Estar diciendo tu nombre,
como una rana, todo el mes de junio,
a una charca que te contempla.


298

No puedo estar sola,
pues me visitan multitudes;
incontables visitantes
que irrumpen en mi cuarto.
No tienen ropas, ni nombres,
ni tiempo, ni país;
tienen casas compartidas,
como los gnomos.
Su llegada puede ser anunciada
por mensajeros, en lo interior;
su partida, no,
pues nunca se marchan.

335


No es que morir nos duela tanto.
Es vivir lo que más nos duele.
Pero morir es algo diferente,
un algo detrás de la puerta.
La costumbre del pájaro de ir al Sur
—antes de que los hielos lleguen
acepta una mejor latitud—.
Nosotros somos los pájaros que se quedan.
Los temblorosos, rondando la puerta del granjero,
mendigando su ocasional migaja
hasta que las compasivas nieves
convencen a nuestras plumas para ir a casa.


404

¡Cuántas flores mueren en el bosque
o se marchitan en la colina
sin el privilegio de saber
que son hermosas!
¡Cuántas entregan su anónima semilla
a una brisa cualquiera,
ignorantes del cargamento escarlata
que a otros ojos lleva!

486


Yo era la más menuda de la casa.
Me quedé con el cuarto más pequeño.
Por la noche, mi pequeña lámpara, un libro
y un geranio.
Acomodada así, podía recoger la abundancia
que no dejaba de caer.
Y además, mi cesta.
Déjame pensar… sí,
estoy segura de que esto era todo.
Nunca hablaba, a no ser que me preguntaran;
y entonces, escuetamente y bajo.
No podía soportar vivir en voz alta;
el bullicio me azoraba tanto…
Y si no fuera porque hace mucho que pasó,
y si los que yo conocía se hubieran marchado,
a menudo pensé qué inadvertidamente
podría haberme muerto yo.


670

No es necesario ser una habitación
para estar embrujada,
no es necesario ser una casa.
El cerebro tiene pasillos más grandes
que los pasillos reales.
Es mucho más seguro encontrarse a medianoche
con un fantasma exterior
que toparse con ese gélido huésped,
el fantasma interior.
Más seguro correr por una abadía
perseguida por las sepulturas
que, sin luna, encontrarse a una misma
en un lugar solitario.
Nosotros tras nosotros mismos escondidos,
lo que nos produce más horror.
Sería menos terrible
un asesino en nuestra habitación.
El prudente coge un revólver
y empuja la puerta,
sin percatarse de un espectro superior
que está más cerca.

677


Estar vivo es tener poder.
La existencia, por sí misma,
sin más aditamentos,
es suficiente poderío.



« El viento comenzó a mecer la hierba »
Emily Dickinson (goodreads)

2 comentarios:

  1. Hola :) Muy bonito. Yo tengo un problema con los poemas o demás, y es que me gusta leer uno de vez en cuando, pero si leo mucho (como suelo hacer si me pongo con algo) me agobia y no entiendo nada XD Así que, gracias por estos fragmentos, así los disfruto. Un besin^^

    ResponderEliminar
  2. Hola!Soy Elizabeth Báthory, del blog "Libros de agua y miel". Te he nominado a un premio en mi blog. Te dejo aquí el enlace: http://librosdeaguaymiel.blogspot.com.es/2016/04/premio-versatile-blogger-award.html Enhorabuena y mucha suerte!

    ResponderEliminar