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« Bosque Mitago »
Robert Holdstock (goodreads)

  • La narradora de la vida es una jovencita que se pinta la cara de verde y cuenta las historias con los ojos cerrados, para que las sonrisas o gestos desaprobadores de los que escuchan no la hagan «cambiar de forma» a los personajes de la historia. 
  • Quizá valga la pena morir por lo que él buscaba…, aunque no lo encontrara.
  • Ella no tenía padres, Steve, porque no tenía vida. Auténtica vida. Ha vivido mil veces, aunque nunca ha vivido. Pero, aun así, me enamoré de ella…, y volveré a encontrarla en el bosque. Está allí, en alguna parte…
  • No me he vuelto loco, ni soy insensible. Simplemente, estoy atrapado. Y, antes de irme otra vez, me gustaría que supieras por qué, cómo y adonde voy. Quizá incluso puedas ayudarme, ¿quién sabe? Lee el libro. Luego, hablaremos. 
  • No quiero pensar lo que pasaría si este bosque fuera destruido…, pero no puede vivir eternamente.
  • Los mitagos surgen de la fuerza del odio, del temor, y se forman en los bosques naturales de los que luego pueden emerger. (...) Supongo que es la emoción combinada de dos razas la que crea al mitago.  
  • Y entonces ella se formó en este bosque, y yo la encontré, y me enamoré. 
  • Sólo entonces noté lo silencioso que estaba el bosque, como si contuviera el aliento, a la espera.
  • Pero, mientras nos miraba, siempre pareció distante, frío. Yo había pensado que ni siquiera me veía. Creí que, para él, era una simple molestia, un insecto pesado que espantaba de un manotazo, sin apenas verlo.  
  • Era «el bosque». Siempre había estado ahí. Era un hecho de la vida. Y la vida seguía a su alrededor.
  • Fueran cuales fuesen las fuerzas que defendían el corazón del bosque, no confiaban en mí.
  • Las palabras eran como cantos de sirena, me alertaban, me asustaban, pero no podía dejar de escucharlas. 
  • Para impedirme a mí mismo agarrarla por los hombros, intentar torpemente besarla, tuve que abrazar el respaldo de la silla y luchar para mantener los pies inmóviles sobre la alfombra. 
  • Tu tristeza crecerá hasta convertirse en furia. Proscrita como yo, ocuparás mi lugar. No descansarás hasta que el invasor se vaya de estas tierras. Le perseguirás, le quemarás, le expulsarás de sus fuertes y de sus pueblos. 
  • Ningún nacimiento, ninguna génesis debida a ninguna extraña bestia del bosque podía compararse con la chica que había generado mi propia mente, interactuando con el silencioso Bosque Ryhope.
  • ¡Pero el poder que existía entre nosotros, esa afinidad inexplicable, esa comunión de las mentes…! No podía creer que no estuviera enamorado de Guiwenneth. La pasión, el nudo que sentía en el pecho, el deseo que me inspiraba…, ¡la suma de todo aquello era amor! 
  • Guiwenneth susurró mi nombre, y yo susurré el suyo, y cada vez que nos besábamos el abrazo se volvía más apasionado, más íntimo. En la oscuridad, su respiración era el sonido más dulce del mundo. 
  • La amé con más intensidad de la que habría creído posible. Sólo con pronunciar su nombre, Guiwenneth, el corazón me daba un vuelco. Cuando ella pronunciaba el mío, cuando me incitaba con palabras apasionadas en su propio idioma, el pecho me dolía, y pensaba que no podría soportar tanta felicidad.
  • Había cosas que no podía expresar. Sobre todo, sentimientos que para ella eran de una importancia vital. 
  • Guiwenneth necesitaba ver y sentir mi respuesta a sus palabras de amor, y yo sólo podía responder ante palabras que, para ella, significaban bien poco.
  • Pero ella necesitaba decirme cosas, y no encontraba en mi idioma palabras para expresar cómo se sentía, lo cercana que se encontraba de algún aspecto de la naturaleza, de un pájaro, de un árbol. 
  • Tenía una expresión confusa, una mezcla de necesidad —la necesidad de agradarme— y miedo.
  • —Lo siento, Steven —dijo luego—. Duele. / —No pasa nada. No pasa nada —la calmé. / Y la abracé. Temblaba como una hoja, y más tarde me explicó que había sido un dolor físico, un dolor lacerante en todo el cuerpo, como si algo la castigara por alejarse tanto del bosque que era su madre.
  • Mi mundo es pequeño —dijo—. Puedo recorrerlo de punta a punta en pocos días. Subo a una colina, y veo un lugar que está fuera de mi alcance. Mi mundo es pequeño comparado con el tuyo. 
  • Me abrazó y dejó que las lágrimas brotaran libremente. Aquélla no era la princesa guerrera, la cazadora veloz e inteligente del día anterior. Allí estaba aquella parte maravillosa de ella que, como en todo el mundo, tenía una necesidad profunda, desesperada, de otra persona. Si alguna vez mi Guiwenneth había necesitado cariño, era ahora. Por mucho que hubiera nacido en el bosque, era de carne y hueso, y sentía, y era lo más maravilloso que había encontrado en toda mi vida.
  • Soy de madera y roca, Steven, no de carne y hueso. No soy como tú. El bosque me protege, me domina. No puedo expresarlo bien. No tengo palabras. Ahora, durante un tiempo, podemos estar juntos.
  • «Cuídame». Una palabra tan sencilla, y me había hecho sonreír. (...) Ojalá lo hubiera hecho. Ojalá hubiera aprendido su idioma, así habría descubierto el terrible miedo que inquietaba a aquella niña, la más hermosa e inocente de las niñas.
  • Tú también te irás, todo lo que amo desaparecerá…
  • ¿Habría un momento concreto en el bosque, un momento en el que algo parecido a una criatura humana se alzaba entre la maleza y recibía una forma perfecta de la intensidad de la voluntad humana que operaba fuera del bosque? O quizá, sencillamente, surgía. En un momento era un espectro y, al siguiente, una realidad, la visión incierta y nebulosa que, de repente, se aclara
  • ¿De qué están hechas las niñas? —le pregunté. (...) Bellotas dulces, abejas aplastadas y el néctar de flores quemadas.
  • —Ve tú solo, Chris —dije—. Guiwenneth me quiere, y nada cambiará eso. / —¿Nada? —repitió, con una sonrisa cansada—. El tiempo lo cambia todo. Si no tiene a nadie más a quien amar, me amará a mí…
  • Se la llamó Muarthan, que quiere decir “la hermosa nacida del terror”. 
  • Quizá en el corazón del bosque, más allá del fuego —en el reino que Kushar había llamado Lavondyss— había un lugar donde el tiempo no significaba nada en absoluto. 
  • ¿Puede ser tan poderoso un simple hombre?
  • El bosque, desesperado, quería conservar su dominio de la tierra. El hombre y su fuego se lo negaban. 
  • Nada sucede hasta que sucede.
  • Quizá estoy soñando. Eso es. Me despertaré, y todo volverá a estar bien. 
  • Cuando se ha perdido tanto en la oscuridad del tiempo, tiene que haber un mito que glorifique ese conocimiento perdido. —Avanzó hacia el fuego—. Pero, en Lavondyss, ese conocimiento todavía existe. Y allí es donde voy, hermano. ¡Deséame suerte!

Comentarios

  1. ESTA ENTRADA ES LA MARAVILLA, AHORA YA PUEDO IR A COMER CON BUEN CUERPO Y UNA SONRISA COMO UNA CASA :D

    PD: Lo siento por las mayúsculas, es para mostrar mi amor por el libro. En el Celsius fangirleamos Laura, Omaira, tu y yo :)

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