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¦ Citas ¦ Cartas entre Alejandra Pizarnik y León Ostrov


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Andrea Ostrov (goodreads)

Alejandra Pizarnik
  • Todavía me contemplo, asombrada de estar viva.
  • Estoy tan mal que nada me parece válido ya. Creo que voy a irme. ¿Acaso las demás tienen menos miedo que yo? En realidad también están asustadas pero no como yo…
  • Hay un viento atroz, un viento que consume mis deseos, no puedo meditar ni imaginar nada, he cerrado las puertas de mi ser y solo queda una receptibilidad ansiosa y desconfiada.
  • No tengo miedo de morir, tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva, tengo miedo del viento (yo que dije que «hay que salvar al viento» ahora digo que «hay que salvarme del viento»), tengo miedo de los árboles salvajes, nacidos porque sí y para nada.
  • He preguntado a mi sangre si mi vida tiene posibilidades. Y se me ha dicho que sí. 
  • No hay duda: lo difícil es aceptar la vida.
  • No sé si mi decisión es definitiva, ¡cómo puede serlo si todo vuela, si a cada instante mi yo se alimenta de las cenizas de un yo anterior!
  • Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré, siquiera, que hay un «saber volver». Ni lo querré, acaso.
  • Pero qué puede significar el dinero si estoy luchando cuerpo a cuerpo con mi silencio, con mi desierto, con mi memoria pulverizada, con mi conciencia estragada. 
  • Gracias por su carta. Jamás he recibido y bebido palabras con tanta intensidad como las suyas. Justamente la noche anterior me había hecho una orgía de autoconmiseración, de nadie te recuerda y todos te olvidan. Pero desperté y vi su carta. Entonces el enemigo se corrió.
  • Pero quiero mi tiempo para mí, para perderlo, para hacer lo de siempre: nada.
  • Una noche fue tan fuerte mi temor a enloquecer, fue tan terrible, que me arrodillé y recé y pedí que no me exilaran de este mundo que odio, que no me cegaran a lo que no quiero ver, que no me lleven adonde siempre quise ir. 
  • Y descubrí que se puede hacer poemas sin tener nada pensado, sin pensar, sin sentir, sin imaginar, en cualquier instante y a cualquier hora. En suma, «el poema se hace con palabras…». Y con ganas de hacerlo, agrego.
  • Leí varios libros, escribí varios poemas, no hablé con nadie —sino los saludos convencionales de siempre— y descubrí que me sentía —apenas me atrevo a decirlo— «casi feliz». 
  • Mi visión de la felicidad es siempre la misma: un poder trabajar en y con las cosas que uno quiere. 
  • Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie. 
  • Estoy absolutamente convencida de que la vida es invivible. 
  • Luego, quisiera trabajar y leer y escribir y ganar dinero y no ver nunca a mi familia, y estar sola sin sentirme culpable por eso. 
  • Necesito de todas las fuerzas del mundo para no hacer la hija pródiga, para no volver y llorar y prometer ser buena y pedir perdón por haber nacido. 
  • Lo peor de todo es que mis conflictos económicos no existen. Quiero decir, no siento auténticamente la necesidad de ganar mi vida. Lo deseo con mi parte positiva, la que quiere liberarse de su estado infantil. Pero no deja de ser literaria esa parte mía, o al menos no deja de ser una construcción intelectual. 
  • Pero algo me dice que sólo se aprende lo que se ama y que la cultura, el conocimiento, es sólo cuestión de amor. 
  • Mi vida aquí viene y va, es la corriente de siempre, esperanza y desesperanza. Ganas de morir y de vivir. A veces el orden, a veces me devora el caos.
  • ¿Y qué encontrar si lo que se busca no existe?
  • Una noche se romperán los espejos, arderán las que fui y cuando despierte seré la heredera de mi cadáver.
  • En verdad, muchas cosas dejaron de importarme. Y me alegro. Que me roben las maletas y yo pueda viajar con las manos libres.
  • Ahora hay como ausencias palpables en donde hubo presencias invisibles. 
León Ostrov
  • Escríbame Alejandra, sin romper las cartas; déjese llevar por lo que espontáneamente le surja. No importa que al rato o al día siguiente no se reconozca en lo que escribió. Pese a Ud., Ud. es siempre Alejandra.
  • ¿Qué importa si «mañana no escriba o arrastre un libro durante meses?» Todo eso no es, en Ud. pérdida de tiempo, es «trabajo», elaboración, creación, aunque aparentemente no lo parezca.
  • Lo único que importa es que descubra Ud. qué es lo que realmente quiere y en qué lugar del mundo siente Ud. que podría realizarlo mejor. 
  • Acepte que en esta breve vida —es inevitable— tenemos que dormir y trabajar a veces en cosas que no nos interesan del todo. (...) Todo eso que, aparentemente es perder tiempo puede, en definitiva, no serlo.
  • Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron sus grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que temblaban todos los miedos. 
  • La irrenunciable y heroica tarea de acercarse al caos para entrever su ley secreta, de atisbar en las tinieblas para iluminarlas con el relámpago de la palabra precisa y bella fue la tarea que eligió como definición de su destino. 

1 comentario:

  1. Jo, como me gustan estas entradas. Por que son cosas que yo probablemente nunca leeré si no es por aquí, y nunca esta demás, el saber no ocupa lugar según dicen. Un abrazo^^

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