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¿Por qué amé «Un soplo de vida» de Clarice Lispector?


« Un soplo de vida »
Clarice Lispector (goodreads)
| Valoración: 5/5 |

Los puntos son las palabras de Clarice Lispector —palabras que el lector puede 
encontrar en «Un soplo de vida», y después de cada punto están mis propias 
palabras (aquellas que pretenden justificar... algo, lo que deba ser).


  • Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien. Probablemente mi propia vida. Vivir es una especie de locura que la muerte comete. 
Porque Clarice Lispector escribió como si decidiera salvarme, cumpliendo así uno de sus propósitos. Quizás llegue a darle vida a otra persona tal como ella lo hizo conmigo.
  • Querría escribir un libro. Pero ¿dónde están las palabras? Se agotaron los significados.
Porque tampoco encuentro ningún sentido; a pesar de ello, intento escribir cosas que se desvaneces y aniquilan con el tiempo por el poco contenido que comprenden. 
  • Este es un libro silencioso. Y habla, habla en voz baja.
Porque nuestras voces son imperceptibles; nadie parece oírlas y nuestras almas fallecen en silencio.
  • Mi fuente es oscura. Estoy escribiendo porque no sé qué hacer de mí. 
Porque somos espíritus que aborrecen esta tierra podrida y sin fundamento.
  • ¿Habrá otro modo de salvarse además de crear las propias realidades?
Porque no encontramos la salvación en esta vida e intentamos buscar una realidad distinta.
  • Lo que está aquí está escrito, mío o de Ángela, son restos de una demolición del alma, son cortes laterales de una realidad que se me escapa continuamente.
Porque Ángela no existe como tampoco existiría Natalia ni ningún otro nombre que mi mente podría invocar; porque las dos creemos que existen; porque nos perdemos en una irrealidad que creamos para poder seguir viviendo.
  • Cuando cerréis las últimas páginas de este libro de vida malogrado, impertinente y juguetón, olvidadme.
Porque escribimos para nosotras mismas y no para ellos, pues no necesitamos que recuerden nuestros nombres que nos atan a esta tierra.
  • Tuve un sueño nítido inexplicable: soñé que jugaba con mi reflejo. Pero mi reflejo no estaba en un espejo, sino que reflejaba a otra persona que no era yo.
Porque no somos lo que deseamos ser; no nos reconocemos y vivimos buscándonos.
  • Todos estamos sujetos a la pena de muerte. Mientras escribo puedo morirme. 
Porque creemos que la muerte nos persigue, pues puede que nos atraiga o que la propia muerte sienta atracción por nosotras. En cualquier caso, escribimos creyendo que no habrá otra ocasión para poder hacerlo.
  • Después se sienta a mi lado, se cubre el rostro con las manos y llora por haber sido creada.
Porque nos creemos diosas y damos vida a personajes que lamentan su existencia; porque sus propias diosas no creen en su existencia y, entonces, ¿cómo iban a vivir nuestras creaciones si la fuente de creación es inexistente?
  • Siempre quise encontrar un día a una persona que viviese por mí, pues la vida está tan plagada de cosas inútiles que solo la soporto con astenia muscular in extremis; vivir me da pereza moral.
Porque pretendemos donar nuestras vidas para sentirnos salvadoras y deshacernos, de esta forma, de nuestras corazas inmundas; porque la vida nos supone una obligación que no podemos mantener.
  • Me estoy sintiendo como si ya hubiese alcanzado secretamente lo que quería y continuase sin saber lo que alcancé.
Porque nos asusta el hecho de haber sobrepasado nuestros objetivos sin habernos dado cuenta y seguimos viviendo con la intención de alcanzarlos; seguiríamos buscándolos hasta nuestra propia muerte sin imaginarlo jamás que lo deseado quedó atrás.
  • No sé expresarme en palabras. Lo que siento no es traducible. Yo me expreso mejor en silencio.
Porque no sabemos pronunciar las palabras de forma que nos comprendan y preferimos, así, el silencio, pues en el silencio es donde mejor habitamos. 
  • ¿Es mi oscuridad una larva que lleva tal vez dentro de sí la mariposa?
Porque nuestra luz es absorbida por la oscuridad. 
  • Tengo que vivir poco a poco, no hay forma de vivir todo de una vez.
Porque vivimos en el primer instante, pero morimos en el siguiente. 
  • Habla, Ángela, habla incluso sin sentido, habla para que yo no me muera del todo.
Porque necesitamos escuchar nuestras creaciones para hallar la vida que estamos perdiendo.
  • Soy una actriz para mí. Finjo que soy una determinada persona pero en realidad no soy nada.
Porque nada somos, ni llegaremos a ser; porque vivimos dentro de un teatro e interpretamos los papeles que nos fueron dictados.
  • Mi vida es un gran desastre. Es un desencuentro cruel, es una casa vacía. Pero tiene un perro dentro ladrando. Y a mí solo me queda ladrar a Dios.
Porque nuestras vidas no tienen sentido alguno, solo se dan porque hemos nacido; porque seguimos los ladridos de los demás e intentamos acercarnos a nuestro creador —aquél que nos debió aborrecer—.
  • Solo divago para alcanzar la realidad.
Porque no la encontramos.
  • Solo en el desorden de mis sentimientos me comprendo a mí misma y es tan incomprensible lo que siento que me callo y medito sobre la nada.
Porque nuestras emociones no nos hablan y se desvanecen sin dejar ningún rastro y tras la ausencia de las palabras que lo expliquen, nos hallamos dentro de un vacío incomprensible. 
  • Siento en mí una violencia subterránea, violencia que solo viene a la superficie en el acto de escribir. 
Porque no existe nada que nos apasione tanto como la escritura; porque no sabemos vivir de ninguna otra forma; porque las palabras escritas son las que nos ata a la vida.
  • Es necesario que me comprendáis: tuve que inventar un ser que fuese todo mío. Pero ocurre que ella está adquiriendo demasiada fuerza.
Porque nos sentimos solas en el mundo y buscamos seres etéreos que nos acaricien; y lo hacen tanto que con el tiempo nos alcanzan y nos convierte en ceniza para sustituirnos.
  • Escribir es difícil porque roza los límites de lo imposible.
Porque escribimos dentro de nuestras propias limitaciones.
  • Ella ve a veces la realidad, una realidad inventada y que nunca se acerca a la verdad, como si esta, totalmente desnuda, la asustase. Ella es un superlativo. Hace cuenta de que es feliz, pero a veces esa felicidad la desasosiega.
Porque existimos de forma paralela, es decir, sin existir en el mundo en el cual nos fue dictado; no obedecemos las ordenes impuestas y vivimos en otro lugar que fue creado por nuestra propia mente. Pero nuestra forma de vivir la ignoramos y creemos que lo hacemos junto a ellos; creemos que compartimos la felicidad, pero todo es tan irreal que acabamos sin comprender nuestra propia realidad.
  • ¿Estamos llenos o somos huecos? ¿Quién eres tú que me lees? ¿Eres tú mi secreto o tu secreto soy yo? 
Porque imaginamos que nos leen, pues escribimos creyendo que lo hacemos para alguien cuando realmente nadie existe, más bien ese lector imaginario vive en nuestra cabeza y nos divierte la idea de saber que alguien nos escucha. 
  • Me reduzco a una respiración ahogada. Pienso muy bajo y lento: si estoy viva es porque voy a morir.
Porque partimos de A para llegar a B sin que encontremos ningún factor que afecte la relación entre A y B.
  • Casi no sé lo que siento, si es que en realidad siento. Lo que no existe comienza a existir al recibir un nombre. Escribo para hacer y hacerme existir. 
Porque no reconocemos nuestras emociones y, como todo existe bajo una palabra, lo identificamos como dolor. Y entonces parece que lo sentido se siente bajo una lógica, aunque cuestionamos si esa es la definición correcta. Porque nuestra existencia se alarga debido a las manos que se mueven sobre el papel a medida que el corazón late y exige más vida.
  • Ángela no escribe. Gime.
Porque nuestras palabras no llevan tinta, sino sangre.
  • La realidad es muy extraña, es enteramente irreal. Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Vivo disculpándome y vivo agradeciendo.
Porque los demás nos lastimas y pedimos disculpas y porque los demás no nos ayudan y, a pesar de ello, lo agradecemos.
  • Hay una ley secreta y para mí incomprensible: solo a través del sufrimiento se encuentra la felicidad. 
Porque creemos que merece la pena sufrir.
  • ¿Sabrá Dios que existe?
Porque nuestro propio creador no cree en su existencia; y si él no existe, ¿acaso existiríamos nosotras?
  • Me pregunto con insistencia ya medio enfermiza por qué he nacido. Juro que no vale la pena que alguien sea yo. 
Porque nos hacemos la misma pregunta y porque nuestra vida no tiene un gran valor como para prestarla.
  • Hoy sentí algo absolutamente terrible. Sentí que Dios no me comprende. 
Porque siempre nos han contado que Dios nos escucha y nos habla; porque siempre nos han comentado que Dios no nos juzga y perdona... Dios es bondadoso. Pero no alcanzamos a sentir esa compasión divina; porque Él no llegará a sentir lo que nosotras sentimos.
  • Todo nacimiento es una crueldad. Se debería dejar dormir a quien quiere dormir. 
Porque nacemos por pura casualidad y morimos por obligación; porque creemos que deberíamos poder elegir nuestro estado en la vida.
  • ¿Tiene sentido correr tanto en pos de la felicidad? ¿Bastará con ser feliz? ¿Será un estado de tolerancia ser feliz?
Porque nos invitaron a buscar la felicidad —esa felicidad que toda la población la busca—, pero la felicidad, aunque hallada, no nos alivia el alma.
  • Nunca hay que olvidarse, cuando aparece un dolor, de que el dolor pasará: nunca hay que olvidarse, cuando se muere, de que el dolor pasará: nunca hay que olvidarse, cuando se muere, de que la muerte pasará. No se muere eternamente. Es solo una vez y dura un instante. 
Porque recordamos que el descenso no es eterno; podríamos pestañear y convertirnos en ceniza y esta idea nos mantiene a flote. 
  • Un lugar del mundo está esperando a que yo lo habite.
Porque cuando la vida se acaba, creemos comprender que sí existió un lugar para nosotras. Ella escribe en un lugar de la tierra y ese lugar fue para ella. En cuanto a mí, yo escribo en un cuaderno que guardaré para recordarme y esas hojas cosidas entre ellas marcan mi pequeño espacio en este mundo.

PORQUE CLARICE LISPECTOR ESCRIBIÓ CON MI PROPIA SANGRE;
porque nuestra sangre comparte las mismas palabras; porque ella me ayuda a hallarme.

3 comentarios:

  1. Qué citas más bonitas. Me ha gustado especialmente la de el libro silencioso que habla en voz baja. No es tan profunda como otras, lo sé, pero transmite una magia muy especial <3

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  2. Hola :) Me dices que no sabes por que visito tu blog, pero es por cosas como estas. Por que yo nunca conocería este libro o las cosas que nos cuentas si no entrará en tu querido blog. Y como tal, debo dejar un comentario. Un abrazo^^

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  3. ¡Apuntadísimo! Qué pena no conocer más a la autora para que podamos comentar más, y mira que es una vieja pendiente mía. Pero ya sé por donde empezar. Saludos :)

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