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¦ #AdoptaUnaAutora ¦ Extracción de la piedra de la locura


 « ¿Qué significa traducirse en palabras?»

Escribo y seguiré escribiendo sobre ella, sobre Flora Alejandra Pizarnik, y, en consecuencia, sobre mí misma, pues, como en tantas ocasiones mencioné, somos una misma persona. Antes que nada, debo decir que no pretendo realizar una biografía ya que la podrán ir conociendo poco a poco, en función de las posteriores entradas que llegue a publicar. De momento, para satisfaceros de alguna manera, dejaré escritas las palabras de Tina Suárez en uno de sus artículos (Alejandra Pizarnik: ¿La escritura o la vida?); definió a Alejandra como «risueña, contradictoria, deliciosa, terrorífica, humana, extravagante, vulnerable, fatal». Éstos serían los adjetivos más acertados que podrían emplearse para traducirla, sin duda alguna. Desde que los encontré en el artículo que mencioné, no logré separarme de esas palabras, pues tengo la fuerte convicción de que son varias las tonalidades que cubren nuestros rostros; nunca lo es el blanco o el negro. En cambio, tendemos a ir hacia uno de esos dos extremos y definir al ser humano según la luminosidad u oscuridad que desprende.


¿Y qué es lo que Alejandra Pizarnik desprende? Absolutamente todo, como todos los seres humanos que habitamos en esta tierra. En sus versos tal vez se observe una de esas tonalidades, la tristeza (¿los poemas acaso no son escritos, en gran parte, para deshacerse del llanto que nos ahoga?), pero en cuanto el lector consigue acercarse un poco más a ella, puede darse cuenta de que sus versos no conllevan una única faceta, y, nuevamente, insisto en la importancia que conlleva esas palabras anteriormente plasmadas por Tina Suárez.

No obstante, me pregunto si las definiciones son tan importantes, ¿son acaso una exigencia vital? Hablemos con la protagonista de esta entrada. Alejandra, ¿necesitas que te rodee de descripciones? ¿O prefieres que muestre tus versos y te oculte bajo ellos?

Su respuesta: poesía y olvídense de mí. La comprendo y, por ello, para comenzar, voy a hacerme con algunos de sus versos, aunque por dónde hacerlo. No siento la necesidad de seguir ningún orden; y sé que debería comenzar por los primeros versos que fueron publicados. Pero en ella existe tanto... sus palabras comprenden un mundo enorme; un mundo que arrastra el curso del flujo de mis sentimientos hacia la deriva. La poesía, según ella me está enseñando, no sigue ninguna norma.

Y como las normas no parecen existir, decidí comenzar por «Extracción de la piedra de la locura». Se trata de un poema que fue publicado en 1968. Durante ese período se publicaron otros versos que se pueden encontrar en un mismo libro, dependiendo de la edición, y serían los siguientes: Vértigos o contemplación de algo que termina, privilegio, Nuit du Coeur, fragmentos para dominar al silencio, sortilegios, un sueño donde el silencio es de oro, estar, las promesas de la música, continuidad, como agua sobre una piedra, noche compartida en el recuerdo de una huida y linterna sorda. Por qué tienen unos títulos tan preciosos, me pregunto, por qué la poesía comprende tanta belleza...

Quizás no resulte curioso ni tenga la menor importancia, pero a partir de 1968, los lectores observaron un cierto cambio en ella. Según ellos, la forma de sus palabras cambiaron, ¿y qué es lo que los hicieron distintos? Quizás sólo se trate de una mera impresión, pero comentaron que la comunicación entre ella y los lectores se desvaneció; «los significados se tienen que buscar para entenderla y no tenemos a qué agarrarnos», aclamaron.

Parece ser que en «Extracción de la piedra de la locura» se encuentran palabras con un significado y un significante sin que el lector tenga que construir una imagen propia, pues ella se lo ofrecía. Mostraré, en alguna entrada posterior, algunos versos publicados después de esta fecha para que lo puedan comparar en el caso de que lo necesiten. Por mi parte, ella no tenía por qué seguir las mismas reglas ni satisfacer a nadie. La poesía se escribe para romper ataduras y sentirse libre, y parece que... el público (sobre todo los llamados críticos) tiene la costumbre de buscar significados donde quizás no los hayan.


Volviendo al tema que se supone que deseo desarrollar, dejaré, a continuación, algunas palabras que están bajo el título «Extracción de la piedra de la locura», pero, claramente, no serán todas las que ella haya escrito ya que esta entrada sería tan larga que nadie me lo perdonaría. Nada más que algunos fragmentos y, por mi parte, poco más comentaré ya que será Alejandra quien os hable desde otra dimensión, la suya propia, una que es tan lejana como próxima.

Alejandra: La luz mala se ha avecinado y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu... Cerré los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de oro del sueño.

Son éstas las palabras que dan inicio a todo lo demás; son éstas las primeras ideas que convierten su tinta en todo un cúmulo de sentimientos. Atrapando una mera idea ilusoria, imagino que la oscuridad en una tumba debe ser espantosa, ¿pero acaso existe un silencio más eterno que el que nos acompaña debajo de la tierra?

Alejandra: Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. 

No, no existe un silencio más eterno, pero debido a nuestra irrevocable necesidad de hacernos oír, intentaríamos gritar. Sin embargo, la voz no puede salir de una tumba; las palabras se desprenderían, chocarían con la barrera y volverían a nuestras bocas. La voz que creeríamos emitir sería prácticamente inexistente. Tal vez también se trate de una situación horrible tal como nos lo puede parecer la oscuridad antes nombrada, pero en la vida tampoco nadie nos escucha, o si lo hacen es para llevar las palabras a su terreno y transformarlas en lo que nunca fueron. ¿No se trataría del mismo silencio?

Alejandra: Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. 

Tienen razón, no sería realmente el mismo. Las cosas no pueden ser idénticas por más que se intente imitarlas; cada objeto tiene su propia existencia. Y, en este caso, si no se encuentran objetos que nos pueda recordar situaciones vividas y sentimientos cercanos, ¡¿no acabaríamos perdiendo los hilos?! Con hilos me refiero a ataduras; pues, imaginen vivir sin que nada os una a la tierra, ¿no sería una locura? Tal vez, nuevamente, lo exagere todo, pero no niego el hecho de que en mi cerebro existe una presión enorme cuando recuerdo esta otra idea. Tal como lo desea Alejandra, me arrancaría toda emoción que me inflija sensaciones tan nefastas.

Alejandra: Hundirme en la tierra y que la tierra se cierre sobre mí. Éxtasis innoble. Tú sabes que te han humillado hasta cuando te mostraban el sol. Tú sabes que nunca sabrás defenderte, que sólo deseas presentarles el trofeo, quiero decir tu cadáver, y que se lo coman y se lo beban.

Sí, existe la posibilidad de que la piedra siga estando en nuestros cuerpos frágiles durante toda nuestra vida, machacando los latidos de nuestros solitarios corazones, y, en esa situación, no quedaría opción más acertada que... hacerse dormir, sería la forma más sencilla para apaciguar el dolor que supone el peso de la piedra. Y debajo de la hierba, además, se está mejor, pues no hay luz que te muestre ni las piedras pueden matar el corazón si éste está ya muerto. ¿Qué latidos podría alterar si no se dan? Aunque quizás debamos dormir por encima de la tierra para que vean en lo que nuestro cuerpo alcanzaría a convertirse. Es... una idea más que Alejandra me inspira.

Alejandra: Visión enlutada, desgarrada, de un jardín con estatuas rotas. Al filo de la madrugada los huesos te dolían. Tú te desgarras. Te los prevengo y te lo previne. Tú te desarmas. Te lo digo, te lo dije. Tú te desnudas. Te desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto se deshizo: ningún nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos uno a uno, gran hastío, en dónde dejarlos. De haberla tenido cerca, hubiese vendido mi alma a cambio de invisibilizarme. Ebria de mí, de la música, de los poemas, por qué no dije del agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. ¿Y por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?

Detener mis pensamientos en este punto sería lo más acertado. Sí, tengo que hacerla callar, pues ya fueron muchas las palabras que se hicieron ver en esta entrada. ¿Y para qué invocar el silencio cuando el objetivo es llevarla a la luz? Y por qué no. En el silencio se puede encontrar la más maravillosa existencia.

Permitiré que descanse y se adapte durante el tiempo que haga falta. Cuando crea verla preparada, publicaré una segunda entrada y así será hasta que Alejandra me muestre sus deseos de volver bajo el manto de hierba donde las amapolas crecen sobre su sombra y jamás mueren, pues son alimentadas con poesía. Los versos pueden llegar a hacer las cosas más maravillosas aunque estén creados de lágrimas humanas. Fin nº1.


 «Y qué sé yo qué ha de ser mí si nada rima con nada». 


Audio subido por Maria Antonia Segarra.
Primera fotografía realizada por Fan Ho.
Portada de «Extracción de la piedra de la 
locura» de editorial sudamericana 


«Adopta Una Autora» pretende traer a la luz a las autoras (con dos a) cubiertas por el humo de la ignorancia. #AdoptaUnaAutora es un proyecto creado por Carla. Las bases, requisitos y la lista de autoras adoptadas aparecen en la siguiente dirección: aquí. Pueden seguirlo más de cerca a través de la cuenta @AdoptaUnaAutora o a través del blog. El logo que representa esta iniciativa fue creado por Omaira.




Comentarios

  1. Oh, Diana, ha sido una entrada muy bonita. Un canto hacia tus lectores a que conozcamos mejor la obra de Pizarnik. Creo que le has dado el punto exacto y las palabras de Pizarnik comentadas con tu voz suenan más bellas.

    En cuanto a lo de los críticos, de eso también peco yo, creo que mi mente necesita encontrar explicaciones a todo, y más a los símbolos que la vida nos va soltando.

    Un saludo.

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  2. Diana ¡Me ha fascinado tu entrada! ¿Sabes? Mientras leía el párrafo abajo de los versos de Alejandra, en mi mente seguí entonándolos de la misma forma, el ritmo, las palabras, los versos... ¡Y tu diciendo que te iba a quedar mal!
    Me dejas con muchas ganas de leer una siguiente entrada y que nos cuentes más sobre Alejandra. También quiero leer más de ella, leí La condesa sangrienta y debo confesar que me entusiasmaron más las ilustraciones que la historia *¡No me odies!*.
    Besitos <3.

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  3. ¿Ves como no había nadie mejor que tú para hablarnos de ella?? ^^
    Siempre me ha parecido que tus entrada en el blog desprenden una sensibilidad especial, y hoy no te has quedado atrás, Diana...
    Me ha gustado muchísimo, tiene ese tono poético como tu autora.
    He leído poco de ella, algunos poemas sueltos, pero más que tristeza siempre me ha transmitido melancolía, espero seguir descubriendo a Alejandra a través de tí y hacerme con algún libro suyo (vi uno hace unos meses de poesía completa, no recuerdo la editorial) ya me recomendarás eh?
    Un besote enorme!!! y un graaan achuchón! :D

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  4. Pero que bonito. Si, reconozco que no es un estilo ni una autora que yo vaya a leer, pero haces la entrada tan interesante que es un placer pasarme por aquí a leerla, te juro que junto a las de Omaira siempre me abrís los ojos de par en par y me dejáis colgando de un hilo mental. Un abrazo^^

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  5. Ay, Diana... lo que me ha costado (y me está costando) escribir este comentario, porque no sé cómo decirte todo lo que me han lanzado tus palabras y temo quedarme corta y no estar a la altura. En fin, Alejandra es belleza, es luz... y tu entrada es también belleza, es también luz. Alejandra es oscuridad, es silencio... y tu entrada, como no podía ser de otra manera, también sabe atrapar esa oscuridad y hacer hablar a ese silencio.
    Desde el primer momento supe que la persona que hubiese adoptado a Alejandra tenía que ser mágica, especial, como ella, y esta entrada me lo ha confirmado.
    Te sigo leyendo con cariño, admiración, luz y silencio. :***

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  6. ¡Hola! Solo puedo decir que he decidido empezar a leer a A. Pizarnik, ha sido una entrada exquisita, me ha entrado mucha curiosidad... Gracias!

    Un saludo;)

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