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¦ #AdoptaUnaAutora ¦ Felicidad clandestina


«¿Cómo puedo amar la grandeza del mundo si no puedo amar el tamaño de mi naturaleza?»

Felicidad clandestina es un libro de relatos publicado por Ediciones Grijalbo (1988) y cuya traducción fue realizada por Marcelo Cohen. Los relatos que contiene son los siguientes: felicidad clandestina; una amistad sincera; miopía progresiva; restos del carnaval; el  gran paseo; come, hijo mío; perdonando a Dios; tentación; el huevo y la gallina; cien años de perdón; la legión extranjera; los obedientes; el reparto de los panes; una esperanza; Macacos; las desdichas de Sofía; la criada; el mensaje; niño dibujado a pluma; una historia de tan grande amor; las aguas del mundo; la quinta historia; encarnación involuntaria; dos historias a mi manera; el primer beso.

Algunos de los relatos mencionados tienen apenas tres páginas y algunos tienen más de diez. En total, el conjunto de relatos no supera las doscientas páginas. De todas formas, tengan el número de páginas que tengan, en cada uno de ellos existe una pequeña o gran idea que merece la pena ser descubierta. A veces, no son ideas, más bien son imágenes que bailan sin que ninguna idea las mueva. En ocasiones, ni mi angustia ni mi alegría tiene justificación alguna.


Clarice Lispector es una escritora que adoro —por eso mismo la adopté— y se trata de un sentimiento que se agrandó tras la lectura de esta colección de relatos. Hasta el momento, no había llegado a leer ningún relato suyo, más bien había leído novelas cortas que, realmente, tienen otra forma de ser contadas... ¡Y esta nueva faceta descubierta me fascinó! ¿Y por qué se dio esta grandiosa fascinación?

Pues bien, por varios motivos, pero, sobre todo porque cada uno de sus relatos parecen tener algo de mí; piezas de recuerdo que reviví a medida que los fui leyendo. Los ojos de un perro que parecieron conocerme, los pollitos que «asesiné», las rosas que fueron robadas de un jardín ajeno... Existen tantas memorias atrapadas que me pregunto si ella, la autora, estuvo de alguna manera contemplando mi vida a través del espejo roto de la habitación que compartía con mis padres y mi hermana. ¿Era ella el reflejo que veían mis ojos? Nunca conseguí reconocerme cuando me peinaba delante del cristal agrietado. Quizás nunca fuera yo la que me dibujaba sobre la lámina; quizás fuera una escritora que me atrapó en sus pupilas para robar mi vida y convertirla en sus historias. Tal vez...

Hay algo en cada uno de sus relatos que me hacen vivir un sentimiento a través de un recuerdo vivido o creado —porque ni sé realmente si existen— cuando mis ojos se dejan caer sobre sus palabras. Entonces, ¿cuál es la distancia entre mi pasado y el de la autora?

Por mi parte, los relatos que más me marcaron fueron los siguientes: miopía progresiva, perdonando a Dios, las desdichas de Sofía, el mensaje, una historia de tan grande amor. Subrayo estos títulos para volver a leerlos más tarde y descubrir, así, otros matices, pues son muchos los que se puedan percibir dependiendo del estado de ánimo con el cual se lean, por ejemplo.


Por regla general, sus personajes no son bellos ni perfectos ni encantadores. Sus personajes no son nada y al mismo tiempo lo son todo porque en la vida real somos todo lo que pueda darse. Niñas, señoritas, señoras, madres y ancianas. Niñas disfrazadas, señoritas ansiosas, señoras tristes, madres cansadas y ancianas solas. Señoras gordas y señoras sin depilar. Si tuviera que rememorar alguno de sus personajes, volvería, por ejemplo, a la niña que no entendía por qué se comían a sus gallinas. Mi corazón también fue atrapado por la anciana solitaria que decidió descansar sobre el tronco de un árbol. ¡Me hablan! ¡Me reclaman! Me necesitan tal como yo las necesito. Sentirse acariciada por unos dedos que sufrieron una misma alegría o una misma tristeza es un hecho que suelo buscar en los libros.

No pretendo adentrarme en los relatos; pero tengo que dejar claro que es imposible que no exista alguno que envuelva al lector y lo atrape bajo una mágica sensibilidad. Quizás, lo único negativo de sus pequeñas historias es que... acaban. Además de que son pocas las palabras que nos hablan, ¡deciden detenerse tras la presencia de un punto final! Sus finales. Tengo la sensación de que los escribió con la intención de que no fueran olvidados. Nos describe un momento aparentemente insignificante, ¡y de repente ocurre algo que te obliga a retroceder para volver a leer esa escena que provocó semejante final! No es que se trate de finales dramáticos y exagerados; se trata de finales reales que podrían suceder. Uno puede darse cuenta de que estamos viviendo cosas que se detendrán en cuanto se dibuje un punto; o que todo lo vivido es una mancha de acuarela sobre un papel mojado que va expandiéndose al azar, sin regla alguna, hasta que la tinta se aclarece hasta desaparecer o hacerse casi invisible. Cuando uno atrapa bajo su mirada toda la dimensión de esa mancha... comprende, o únicamente imagina, el significado de la pintura que fue vivida.

Clarice Lispector escribió relatos sobre vidas que fueron vividas y que los lectores podrían haber vivido o estar viviendo en estos momentos. Ella estará escribiendo en estos momentos, pues siempre imaginé que sus ojos nunca murieron y que siguen atrapando historias ajenas.


«Después ya no recuerdo lo que pasó. Y creo que no pasó nada».

Comentarios

  1. ¡Hola!
    Gracias por acercarnos a la autora y a este libro de relatos. Parece maravilloso^^
    Besitos

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  2. ¡Hola!
    No he leído nada de Clarice Lispector pero tengo muchas ganas de descubrirla. Leyendo una obra de Nélida Piñon, obra que no me gustó absolutamente nada, conocí un poco de la vida de Clarice y me quedé con muchas ganas de leerla.
    Me encanta como hablas de la autora y de estos relatos, eso de que parece que te estaba vigilando, que parece que escriba de tu vida. Es algo muy bonito y especial. Coincido contigo en que dependiendo del estado de ánimo puedes percibir la lectura de una forma u otra.
    Me ha encantado tu entrada.
    Un beso

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