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¦ #AdoptaUnaAutora ¦ Diarios de Alejandra | 1957 - 1960


«Mi vida no será como la de ellos».

Esta es la primera entrada que formará parte de una serie de entradas que iré publicando sobre los diarios de Alejandra Pizarnik (al final de estas entradas habrá un índice con los enlaces que llevarán a las correspondientes publicaciones). Decidí hacerlo de esta manera porque me di cuenta de que no podría escribir a través de unas cuantas palabras todo lo encontrado en las mil páginas de este libro publicado por la editorial Lumen. Dejaré en negrita las palabras de Alejandra para que no se mezclen con las mías. Espero que mis entradas no adormezcan al lector atrevido y espero, sobre todo, que Alejandra me perdone por revelarla sin piedad alguna.

  • Cuando los diarios te hacen doler

La lectura de los diarios de una persona que adoras es una acción terriblemente peligrosa ya que, lógicamente, descubres sus pensamientos más personales; pensamientos que pueden asustarte si no los compartes y si te resultan erróneos o hirientes.

Se supone que uno de los motivos para escribir un diario es la posibilidad de registrarse a una/o misma/o en unos folios que puedes leer en un futuro sin que ninguna persona más lo haga. ¿Quién no iba a desnudarse hasta los huesos? Alejandra lo hace; y aquí está una de sus lectoras —yo— compartiendo sus sagrados pensamientos.

Aparece esa necesidad de darle una bofetada para hacerla callar; para decirle que no es fea; contarle que la vida debe vivirse y que sus poemas no deben romperse, por ejemplo. Los diarios ajenos hacen dolor, escrito de una forma poco correcta. ¿No lo sintieron? Quizás no tuvieron la oportunidad de leer los sentimientos de aquella persona que admiras, aprecias, estimas... La comprensión es dolorosa.

  • Cuando la muerte te reclama

Algo que se puede observar a lo largo de sus diarios escritos entre 1957 y 1960 es su constante sensación de que nada merecía la pena porque el futuro para ella era... inexistente. No creía que ahí fuera habría algo que la reclamase. Sentía la necesidad de escribir poesía y abandonar todo lo que no fuera verso. Pero, a pesar de sus deseos, el mundo funcionaba de otra manera y en ese mundo debía estudiar y realizar exámenes para poder elaborar una definición de sí misma; para ser algo y para que te reconozcan por algo. Alejandra, fue una joven estudiante que acabó siendo una gran profesora en un gran colegio. Podrían reconocerla por ello. O por nada. Porque también está el caso en el cual te creas a ti misma sin que nadie lo observe; sin que realmente merezca la pena el sacrificio. «Hay que estudiar y ganar la indiferencia», escribe en sus diarios. Cuando recapacita, se da cuenta de la importancia de estudiar y aprender. Se trata de un ciclo... Sé lo que quiero y sé lo que debo.

Por otra parte, Alejandra se siente vieja, fea y enferma. Se siente abandonada. Solterona y frustrada. Olvidada por todos sus seres queridos. Odiada, envidiada, engañada, abandonada, despreciada, desplazda, calumniada. Cuando una persona se mira al espejo y ve a su alrededor, flotando sobre su piel, todas esas palabras, ¿existe forma de volver a comenzar? ¿Volver a nacer para volver a creer en sí misma? Porque una vez se pierde el amor propio, aparece esa necesidad de hacerse desaparecer. Nacen ideas y preguntas. «Me pregunto seriamente por qué no me suicido». Más bien, nace esa gran pregunta: el fin.

El constante desinterés por la vida. Y, como si no fuera suficiente, el abandono del arte tiene su gran peso. Alejandra acaba considerando que nada tiene que decir; que no puede aportar nada a través de la escritura y que su poesía se aleja de sí misma. Luego, se encuentra con otra de sus obsesiones: escribir una novela. No consigue hacerlo y seguirá dándole vueltas a esta idea. 

La obsesión y las pequeñas manías son peligrosas. Durante sus diarios aparece escrito ese deseo que todas hemos tenido en algún momento de nuestra vida: bajar de peso. Tiene la sensación de que está casi obesa y que las escritoras bonitas son las que escriben verdaderos versos. Cree que su fealdad corrompe su arte. La muerte la asecha. Incluso llega a creer que sufre alguna enfermedad terminal; una muerte física imaginaria proveniente de la muerte emocional. Querer estar enferma porque el suicidio parece un acto duro de llevar a cabo, pero a la vez querer morir siendo vieja; una anciana. Se trata de un círculo cerrado del cual es muy difícil salir.  «Siempre se está a tiempo para suicidarse», repite las palabras que tanto la alivian.

Círculo: deseo morir --> no me atrevo a acabar con mi vida --> quiero sufrir una enfermedad terminal --> pausa --> quiero vivir --> sufro --> deseo morir --> ... --> infinito.

  • Cuando no reconoces tus sentimientos

Dejemos de un lado los pensamientos más delicados, y hablemos sobre el amor. ¿Qué es lo que Alejandra vivió? ¿Fue amada o amó?

Una persona cuyo nombre es Olga aparece en sus diarios. ¿Qué había entre ellas? ¿Amistad o amor? Ni Alejandra se percata de sus sentimientos. En algunos momentos confiesa que la ama y en otros ocasiones comenta que se trata de una gran amistad y que no siente por ella ningún deseo sexual. A pesar de todo, tiene la fuerte convicción de que Olga es la persona más maravillosa que conoció. Pero Olga la abandona; o eso es lo que transmiten las palabras de Alejandra —pues, tal vez, según Olga, las cosas se dieron de otra forma—. Existe muchísima confusión. No se reconoce. No sabe quién es ni por qué acabó sola. 

Según ella, no puede amar a ningún hombre ni a ninguna mujer. No goza de amistades y amores; tampoco siente la necesidad de tenerlas. Aparentemente se trata de una frialdad y falta de sentimientos. ¿No tuvo Alejandra corazón?

Mi sensación es que Alejandra intentó ocultar su homosexualidad, incluso ocultarla de ella misma. ya de por sí se sentía errada como para tener que hacerle frente a sus sentimientos. Pero no son más que suposiciones mías, claro. Nunca sabremos lo que existía realmente en su corazón ya que unos diarios tampoco son la certeza de nada. Yo misma escribo en mi diario algunas cosas, pero muchas otras no las escribo.

No obstante, unos días más tarde, confiesa sus sentimientos hacia otra persona que aparece por casualidad delante de sus ojos. Tuvo la ocasión de enamorarse de Simone de Beauvoir. La busca, la precisa, la necesita. «Por qué diablos no se enamoró ella de mí. (...) Sólo me enamora lo imposible y lo lejano».

Aunque apenas quedan escritas palabras sobre estos sentimientos repentinos; no sé si volverán a aparece en los diarios posteriores. Alejandra sólo comenta que ella le dijo que es muy tímida, cosa que, por cierto, nunca entenderé. Me pregunto por qué las personas tiendes a utilizar esa afirmación cuando una persona tímida reconoce su timidez sin la necesidad de que otros se lo señalen. Curioso...

  • Cuando tus versos se rompen

En un momento, uno de muchos, decide comenzar a escribir de diez a una, pero al día siguiente se levanta a diez y media y su frustración la ahoga. Esa rutina que todos intentamos crear para llevar a cabo todos nuestros proyectos.

Alejandra desea con todas sus fuerzas escribir poesía y esa novela que nunca se escribe. Desea hacerlo y no puede. «Ayer he roto alrededor de cien poema y prosas. (...) Además, quedan doscientos poemas más que seguramente romperé». 

En sus diarios escribe sobre poemas que rompe, libros robados, personas que no la quieren a su lado... Cuenta el dinero, cuenta las calorías, se fija en las mujeres bonitas y se ve fea y vieja y errada y nada. Anhela ir a Europa y adelgazar. Y vuelve a romper algunos versos mientras todo se tambalea en su cabeza. «Descubro que estoy encerrada en mi habitación porque me siento gorda. De lo contrario, hubiera ido a la fiesta de H.P. Pero calculé las calorías de todo el vino que tomaría y decidí quedarme aquí comiendo».

No le gusta estudiar y no cree que pueda ser profesora debido a su tartamudez. La atemoriza la idea de hablar delante de un grupo de personas y que la miren mientras las palabras se chocan entre ellas. «Mi situación kafkiana prosigue: estudio sin deseos; me dan vómitos, ataques de angustia. Estudio por miedo. Miedo de estar así siempre, viviendo con mis padres, sin la menor posibilidad de independizarme jamás».

Ideas y más ideas que intenta dominar. No obstante, son frágiles y se rompen,

  • Cuando tu propio arte no te despierta

¿No os pasó, en alguna ocasión, que ni aquello que tanto amas te despierta? ¿Que tu arte no te hace sentir más viva? Yo misma, por ejemplo, lo viví... No es algo agradable; para nada. Cuando lo único que crees que merece la pena tampoco consigue mantenerte a flote, es catastrófico. 

Alejandra teme que la poesía se adormezca en su interior. Comenta que le cuesta leer poesía; que tiene que realizar un esfuerzo enorme. ¿No es esto curioso? «Para mí, leer poemas es un trabajo, un esfuerzo duro. Lograr que mi atención se concentre en palabras y sentimientos ajenos es una batalla contra mí». Me sentí muy emocionada al leer sus palabras ya que pensaba que yo era una... falsa; que a mí no me gusta escribir; que no merece la pena hacerlo porque me engaño y engaño a los demás. Pero no es así. Alejandra me hizo verlo. Gracias a ella me di cuenta de ello. Sucede que la vida nos desborda y sentimos cosas que hacen que nuestra creación artística se hunda con la miseria que vive en nuestras cabezas.

La ausencia aparece en todo momento y aparece de distintas formas. Como decía, la ausencia de su arte es un dolor que la atormenta. Según sus palabras, ni la poesía la apasionaba. Pero si leemos sus versos, éstos están repletos de sentimientos. Alejandra vivía a través de mentiras y desconfianzas. Estaba rodeada de figuras humanas muy importantes según la sociedad. Eran profesores, escribían novelas y obras de elevada calidad. Ella, ella... escribía versos de vez en cuando; versos que no seguían ninguna regla porque las desconocía. Todo lo externo junto con la falta de fuerzas y voluntad paralizaba todo lo que ella escribía.

«(...) y qué culpable me siento, inexplicablemente, de andar con mi ropa vieja, toda yo desarreglada, despeinada, triste, asexuada, cargada de libros, con mi expresión tensa, dolorida, neurótica, oscura y mi ropa ambigua, mis zapatos polvorientos, en medio de mujeres como flores, como luces, como ángeles».


  • Cuando mueres y vuelves a despertar

«He aquí los planes que me propuse cumplir: escribir un poema cada noche, antes de dormirme, que tenga deseos o no, necesidad o no. Además, leer un libro de poemas por semana y comentarlo, hacer una nota sobre él».

Pero todos sabemos que los sentimientos son muy poco eternos y que se vuelve a encontrar esperanza ahí donde antes no lo había. Esto mismo ocurre con nuestra querida Flora Alejandra Pizarnik. Adormece y despierta constantemente. Realiza planes por la mañana y los aniquila por la noche. Se acuesta con ideas hechas desaparecer para despertar con ideas regeneradas; ideas cicatrizadas. O bien puede ocurrir lo contrario; asesinar ideas a lo largo del día y salvarlas justo antes de dormir.

«Ayer, antes de dormir hice este plan: vivir hasta los treinta años. En estos seis años y medio hacer una novela. Vivir sólo para el arte». Sí, escribir una novela fue su mayor obsesión. Todos vivimos con nuestras pequeñas obsesiones; cuesta desprenderse de ellas.

Alejandra escribió versos. Ahora podemos leerlos y amarlos. Ya está. Pero para escribirlos fue necesario muchísimo más; todo lo que el lector jamás comprenderá. No, no escribió esa novela tan deseada. Pero nadie podrá reprocharle nada porque ser novelista no significa alcanzar un nivel superior; ser poetisa es igual de válido o incluso más porque ellos tuvieron que afrontar la presión que un novelista no tiene por qué soportar. Además, ¿qué importa lo que ellos esperan? ¿Qué importa nada? La escritura está para vivirse y para que te mantenga con vida. Es... un intercambio vital. Y en ese intercambio no hay lugar para los demás.



«Yo sé que la angustia suele engendrar poemas. 
Pero yo tengo miedo de volverme loca».


Índice de entradas publicadas en «Con todo mi ser» sobre sus diarios
(Diarios de Alejandra Pizarnik, editorial Lumen, ed. de Ana Becciú)




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