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¦ Evocación ¦ Es eterna ahora



    «Un día, después de vivir sin tedio muchos iguales, se vio distinta de sí misma. Estaba cansada. Anduvo de un lado para otro. Ella misma no sabía lo que quería. Se puso a canturrear con la boca cerrada. Después se casó y se puso a pensar en otras cosas. Pero no lo conseguía completamente. Dentro de sí algo intentaba pararse. Se quedó esperando y nada venía de ella para ella. Vagamente se entristeció, con una tristeza insuficiente y por eso mismo doblemente triste. Continuó andando varios días, sus pasos sonaban como el caer de las hojas muertas en el suelo. Estaba interiormente forrada de ceniza y solo encontraba en sí misma un reflejo, como gotas blanquecinas escurriéndose, un reflejo de su ritmo antiguo, ahora lento y pesado. Entonces supo que estaba agotada, y por primera vez sufrió, porque realmente se había dividido en dos, una parte estaba delante de la otra, vigilándola, deseando cosas que ésta ya no podía dar. La verdad es que ella siempre había sido dos, la que sabía ligeramente que era y la que era de verdad, profundamente. Hasta entonces las dos trabajaban unidas y se confundían. Ahora la que sabía que era trabajaba sola, lo que significaba que aquella mujer estaba siendo desgraciada e inteligente. En un último esfuerzo intentó inventar alguna cosa, un pensamiento, que la distrajera. Inútil. Solo sabía vivir.
    Hasta que la ausencia de sí misma acabó haciéndola caer dentro de la noche y, calmada, oscura y fresca, empezó a morir. Después murió dulcemente, como si fuera un fantasma. No se sabe por qué murió. Solo se adivina que al final ella también estaba siendo feliz como puede serlo una cosa o una criatura. Porque había nacido para lo esencial, para vivir o morir. Y lo que había en medio era el sufrimiento. Su existencia fue tan completa y tan ligada a la verdad que probablemente en la hora de la entrega final habría pensado, si hubiera tenido el hábito de pensar: yo nunca fui. Tampoco se sabe lo que fue de ella. A una vida tan bella debió de seguir una muerte también bella. Ciertamente hoy se ha convertido en grumos de tierra. Mira hacia arriba, mira hacia el cielo, durante todo el tiempo. A veces llueve, ella permanece llena y redonda en sus grumos. Después se va secando con el verano y cualquier viento la dispersa. Es eterna ahora».

« Cerca del corazón salvaje »
Clarice Lispector (goodreads)

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