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¦ #AdoptaUnaAutora ¦ Diarios de Alejandra | 1960 - 1961


«La asfixiada ama la ausencia del aire». 

Esta es la segunda entrada que formará parte de una serie de entradas que iré publicando sobre los diarios de Alejandra Pizarnik (al final de cada una de las entradas habrá un índice con los enlaces que llevarán a las correspondientes publicaciones). 

La entrada anterior sobre los diarios de Alejandra comprendía un período mayor (1957-1960); no es el caso de esta siguiente entrada ya que creí conveniente reducirlo un poco. Recomiendo, sobre todo, que se lea la otra entrada. Esta, más bien, será un resumen de la anterior, pues Alejandra es la misma un año más tarde.
«Soy yo que me busco donde no estoy».

Tal como comentaba en mis otras publicaciones, los diarios son muy peligrosos ya que son los escritos íntimos de una persona donde quedan reflejados los sentimientos y pensamientos que, seguramente, fueron escritos sin imaginar que algún día serían publicados. Personalmente, me daría pánico que mi diario saliera a la luz debido a que contiene todo lo que nunca-jamás compartiría. Es cierto que es así como se consigue conocer a una persona. Pero creo, no obstante, que la obra de alguien debe valorarse por lo que es sin tener en consideración las ideas o la ideología de la persona que lo escribió, aunque, en muchos casos, exista una relación directa entre los pensamientos personales y los escritos. Me parece adecuado evitar hacer suposiciones o juzgar a la autora o al autor en cuestión. Todo este rollo no viene realmente porque haya descubierto algo en Alejandra que no me gusta, es más bien una opinión personal fruto de mi propia experiencia como escritora de mis diarios.

«La locura comienza cuando se quieren realizar los deseos más profundos. Así yo debiera contenerme con el deseo y aceptar suavemente lo poco, lo ínfimo que se me realiza en la realidad. Pero esta discordancia de planos, este abismo entre el deseo y la palabra, entre la que me creo y la que soy (¿pero qué soy si soy tantas?). En fin, una contención, una represión, una limitación (mis labios ávidos)».

La hija del aire, tal como ella se define, la enamorada del viento, vuelve a compartir con ella misma sus pensamientos suicidas que ya habían nacido en ella y que seguirán viviendo con ella hasta acabar matándola. «Cada noche me olvido de suicidarme». Sin duda, seguiré leyendo estas ideas en las próximas páginas. Los diarios están, sobre todo, para dejar escapar el dolor, pues no se suele escribir tanto sobre la felicidad sentida ya que una persona puede vivir con la alegría sin la necesidad de escribirla para hacerla desaparecer.

Odia su trabajo en la oficina, desea abandonar París y volver a Buenos Aires. En la oficina le dicen «llegó a oídos del director que usted lee libros de poemas en las horas de trabajo»; sin duda no es su lugar. Ya en las cartas que había escrito a León Ostrov, cartas que no son incluidas en estos diarios, comentaba que no comprendía por qué debía hacerlo, por qué no podía ganar dinero a través de su arte, por qué debía estar en esa oficina. En alguna entrada de sus diarios aparece comentado el intercambio de correspondencia entre los dos. «Recibí carta de Ostrov. Alentadora y bondadosa. En verdad, hay dos familias de seres en este mundo: los que sienten que vivir es difícil y terrible y los que no lo sienten». Le cuesta aceptar que deba trabajar para vivir cuando lo único que desea es leer y hacer poemas. «¿Cómo tienes tiempo para trabajar y leer y estudiar y pasear y hacer lo que te gusta y lo que no te gusta?». Y esa es la gran pregunta; casi la más importante.

Sale a la luz M., una mujer, de la cual se enamora. Parece tratarse de un amor secreto o, quizás, de un amor no correspondido. «¿La amo o la odio? ¿La amo porque la odio? ¿La amo porque me odia? ¿La amo porque le soy indiferente? (...) ¿Por qué elegí a M. y no a otra?». Escribe sobre el sufrimiento que le causa este amor mientras toma pastillas para el insomnio que le provoca. Más tarde describe la frustración sentida; es una forma suya de negarlo, de romper con ese amor que es sólo suyo. La insulta mentalmente para que abandone su cabeza.

Asimismo sigue sintiéndose culpable por comer y sigue obsesionada con la idea de escribir algo más que poesía porque las novelas siempre parecieron ser superiores. «¿Qué no me deja crear otro mundo que éste?». Por qué no consigue escribir ficción, se pregunta una y otra vez. Cómo acaba uno escribiendo poesía... ¿A partir de qué momento alcanza uno a escribir palabras sujetas a las medidas y cadencias de los versos?

En los diarios íntimos abundan las preguntas porque no existe obra más cercana a la vida que un propio diario; y viviendo, todo se cuestiona, absolutamente todo.


«Un monstruo me persigue. Yo huyo. Pero es él quién tiene 
miedo, es él quien me persigue para pedirme ayuda».



Índice de entradas publicadas en «Con todo mi ser» sobre sus diarios
(Diarios de Alejandra Pizarnik, editorial Lumen, ed. de Ana Becciú)

(1) 1957 - 1960
(2) 1960 - 1961

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