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¦ Citas ¦ La náusea


« La náusea »
Jean-Paul Sartre

  • Tengo tantas ganas de dormir y tanto sueño atrasado. Una buena noche, una sola, barrería todas estas historias. 
  • Algo me ha sucedido, no puedo seguir dudándolo. Vino como una enfermedad, no como una certeza ordinaria, o una evidencia. (...) Una vez en sus sitio, aquello no se movió, permaneció tranquilo, y pude persuadirme de que no tenía nada, de que era una falsa alarma. Y ahora crece.
  • Creo que soy yo quien ha cambiado; es la solución más simple. También la más desagradable. Pero debo reconocer que estoy sujeto a estas súbitas transformaciones. 
  • Pero tengo miedo de lo que va a nacer, de lo que va a apoderarse de mí, y llevarme a no sé dónde. (...) ¿Me despertaré dentro de algunos meses, dentro de algunos años, roto, decepcionado, en medio de nuevas ruinas? Quisiera ver claro en mí, antes de que sea demasiado tarde. 
  • Yo vivo solo, completamente solo. Nunca hablo con nadie; no recibo nada, no doy nada.
  • Ahora ya no pienso en nadie; ni siquiera me cuido de buscar palabras. La cosa se desliza en mí más o menos rápida, no fijo nada, la dejo correr. La mayor parte del tiempo, al no unirse a palabras, mis pensamiento quedan en la niebla. Dibujan formas vagas y agradables, se disipan; en seguida las olvido. 
  • Estoy solo en medio de estas voces alegres y razonables. (...) ¡Qué importancia conceden, Dios mío, al hecho de pensar todos juntos las mismas cosas!
  • No hay gran cosa que decir: no pude levantar el papel, eso es todo. 
  • Las tres, siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer. 
  • Tal vez sea imposible comprender el propio rostro. ¿O acaso es porque soy un hombre solo? Los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos. Yo no tengo amigos, ¿por eso es mi carne tan desnuda? Sí, es como la naturaleza sin los hombres. 
  • ¡La cosa va mal, muy mal! La he atrapado, la porquería, la Náusea. 
  • La envidio. Está allí, erguida con los brazos separados, como si esperara los estigmas; abre la boca, se ahoga. Tengo la impresión de que las paredes han crecido a cada lado de la calle, de que se han acercado, de que ella está en el fondo de un pozo. (...) Lucie lanza un leve gemido. Se lleva la mano a la garganta y abre unos grandes ojos asombrados. No, no hay en ella fuerzas para padecer tanto. 
  • Así es el tiempo, el tiempo desnudo; viene lentamente a la existencia, se hace esperar y cuando llega uno siente asco porque cae en la cuenta de que hacía mucho que estaba allí. 
  • Algo comienza para terminar: la aventura no admite añadiduras; sólo cobra sentido con su muerte. Hacia esta muerte, que acaso sea también la mía, me veo arrastrado irreversiblemente. 
  • Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado se sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede, y trata de vivir su vida como si la contara. 
  • Cuando uno vive, no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos. 
  • Todos se dejaban ir un poco hacia atrás, con la cabeza levantada, mirando la lejanía, abandonados al viento que los empujaba hinchando sus abrigos. 
  • Pero para mí no hay ni lunes ni domino; hay días que se empujan en desorden, y de pronto, relámpagos como éste.
  • Nada ha cambiado y, sin embargo, todo existe de otra manera. No puedo describirlo; es como la Náusea y, sin embargo, es precisamente lo contrario: al fin me sucede que yo soy yo y que estoy aquí; soy yo quien hiende la noche; me siento feliz como un héroe de novela. 
  • Me veo avanzar con un sentimiento de fatalidad. (...) No sé si el mundo se ha concentrado de golpe o si yo establezco entre los sonidos y las formas una unidad tan fuerte; ni siquiera puedo concebir que nada de lo que me circunda sea distinto de lo que es. 
  • Más bien es la manera de encadenarse los instantes. Creo que esto es lo que pasa: de pronto uno siente que el tiempo transcurre, que cada instante conduce a otro, éste a otro y así sucesivamente; que cada instante se aniquila, que no vale la pena intentar retenerlo, etc. (...) En suma, se habla mucho del famoso transcurso del tiempo, pero nadie lo ve.
  • Nadie se mete el pasado en el bolsillo; hay que tener una casa para acomodarlo. Mi cuerpo es lo único que poseo; un hombre solo, con su cuerpo, no puede detener los recuerdos; pasan a través de él.
  • Y era verdad, siempre lo había sabido: yo no tenía derecho a existir. Había aparecido por casualidad, existía como una piedra, como una planta, como un microbio. Mi vida crecía a la buena de Dios, y en todas direcciones. A veces me enviaba vagas señales; otras veces sólo sentía un zumbido sin consecuencias. 
  • Mi existencia comenzaba a asombrarme seriamanente. ¿No sería yo una simple apariencia?
  • Yo existo. Es algo tan dulce, tan dulce, tan lento. Y leve; como si se mantuviera solo en el aire. Se mueve. Por todas partes, roces que se funden y se desvanecen.
  • El odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de hundirme en la existencia. Los pensamientos nacen a mis espaldas, como un vértigo, los siento nacer detrás de mi cabeza..., si cedo se situarán aquí delante, entre mis ojos, y sigo cediendo, y el pensamiento crece, crece, y ahora, inmenso, me llena por entero y renueva mi existencia. 
  • Dios mío, con qué fuerza existen hoy las cosas.
  • La existencia es una imperfección.
  • Es que pienso —le digo riendo— que estamos todos aquí, comiendo y bebiendo para conservar nuestra preciosa existencia, y no hay nada, nada, ninguna razón para existir. 
  • La vida tiene un sentido si uno quiere dárselo. 
  • Los hombres. Hay que amar a los hombres. Los hombres son admirables. Tengo ganas de vomitar, y de pronto ahí está: la Náusea.
  • Me gustaría tanto abandonarme, olvidarme, dormir. Pero no puedo, me sofoco: la existencia me penetra por todas partes, por los ojos, por la nariz, por la boca...
  • No tenían ganas de existir, pero no podían evitarlo; eso es todo. 
  • Soy libre: no me queda ninguna razón para vivir, todas las que probé las perdí, y ya no puedo imaginarme otras. (...) Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte. 
  • Toda mi vida está detrás de mí. La veo entera, veo su forma, veo los lentos movimientos que me han traído hasta aquí. Hay pocas cosas que decir de ella: una partida perdida, eso es todo.
  • Hombres solos, completamente solos, con horribles monstruosidades, correrán por las calles, pasarán pesadamente delante de mí, con los ojos fijos, huyendo de sus males y llevándolos consigo, con la boca abierta y su lengua-insecto batiendo las alas. 
  • Doy unos pasos y me detengo. Saboreo el olvido total en que he caído. Estoy entre dos ciudades: una me ignora, la otra ya no me conoce. ¿Quién se acuerda de mí?
  • La conciencia existe como un árbol, como una brizna de hierba. Dormita, se aburre. La pueblan pequeñas existencias fugitivas, como pájaros en las ramas. La pueblan y desaparecen. Conciencia olvidada, abandonada entre estas paredes, bajo el cielo gris. Y éste es el sentido de su existencia: que es conciencia de estar de más. 
  • Sé muy bien que no quiero hacer nada; hacer algo es crear existencia, y ya hay bastante existencia. 
  • «Hay que hacer como nosotros, padecer con ritmo». 
  • La historia habla de lo que ha existido, un existente jamás puede justificar la existencia de otro existente. 

Comentarios

  1. ¡Hola, Diana!

    Me encanta la orientación de tu blog. "La náusea" es uno de mis eternos pendientes. Lo empecé en el instituto y, no sé todavía muy bien por qué, desistí en su lectura pese a que me estaba pareciendo muy interesante y enriquecedor. Sin duda, tras leer tus citas (¡y qué citas!), creo que de este año no pasa...

    ¡Espero leerte pronto!

    ¡Un abrazo grande!

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