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¦ Versos ¦ Soy vertical, pero preferiría ser horizontal


Sylvia Plath

No estoy preparada para que algo me suceda.
Debería haber asesinado a lo que me asesina.


Son estos los hombres que me preocupan:
¡están celosos de todo aquello que no sea plano!
Son dioses celosos que harían que el mundo entero
fuese plano porque ellos lo son.
Veo al Padre conversando con el Hijo.
Tal vulgaridad no puede ser sino sagrada.
«Hagamos un paraíso», dicen.
«Aplanemos y planchemos el grosor de estas almas».


Soy muda y oscura. Soy una semilla a punto de estallar.
La oscuridad me cubre de azul, ahora, como a una Madonna.
¡Oh color de la distancia y del olvido!
¿Cuándo llegará el segundo en que el Tiempo rompa
y la eternidad lo sumerja, y me hunda por completo?


Me veo como una sombra, ni hombre ni mujer,
ni una mujer, feliz de ser como un hombre,
ni un hombre lo bastante insensible y plano
como para no sentir ninguna carencia.
Me siento una carencia.
Levanto mis dedos. Diez estacas blancas.
Mirad, la oscuridad se escapa por las grietas.
No puedo contenerla. 
No puedo contener mi vida.

Soy hermosa como una estadística.
Aquí está mi lápiz de labios.
Pinto la antigua boca.
La antigua boca que olvidé con mi nombre.


Vuelvo a ser la de siempre. No quedan cabos sueltos.
Desangrada, blanca como la cera, no tengo ataduras.
Soy plana y virginal, como si nada hubiese ocurrido,
nada que no pueda ser borrado, rasgado, 
tachado, recomenzado.

Es terrible estar tan abierta:
es como si mi corazón se colocase un rostro
y se adentrara en el mundo.

Soñé con una isla, roja de gritos.
Era un sueño, y no significaba nada.

Para mí es más natural estar tendida.
Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
y así seré útil cuando al fin me tienda:
entonces los árboles podrán tocarme por una vez,
y las flores tendrán tiempo para mí.


Ahora soy un lago. Una mujer se asoma sobre mí,
buscando en mi extensión lo que ella es en realidad. (...)
En mí ha ahogado a una muchacha, y desde mí una mujer mayor
se eleva hacia ella día tras día, como un pez terrible.


Si ahora estoy viva, entonces estaba muerta,
aunque, como a las piedras, no me preocupaba,
seguía en mi lugar de acuerdo con la costumbre.


¿Qué ha hecho con su propio amor mi corazón?
Estos poemas no viven: el diagnóstico es triste.