Ir al contenido principal

¦ Versos ¦ Extravío, de César Simón


«La poesía de César Simón, que desde el tráfico de las caravanas como símbolo del proceso histórico de concienciación, finalizaba en las habitaciones vacías de deshabitadas mansiones, fascinada por la contemplación primigenia de un espacio sagrado, aporta en Extravío un interés ya presente en títulos anteriores, especialmente en Pedregal: el mar y las ciudades marítimas, consideradas ahora desde una actitud intensamente elegiaca. Extravío se presenta como un enriquecimiento de los temas simoniacos. Es el hombre quien introduce su problema allí donde se presenta, en interiores o exteriores; y es su propio enigma el que irradia su inquietante luminosidad. Extravío, resultado del fenómeno humano, desde su aparición a su disolución, vendría a ser el lugar mental y el estadoemocional al que toda conciencia se ve abocada». | Casa del Libro | Goodreads |

TU PROPIA VOZ
Alguna vez
volverás a escuchar tu propia voz.
En el rincón más anodino
o en la más espléndida plaza,
todo habrá de callar, entonces.
Al avanzar un paso
y penetrar en el recinto,
quizás aquella música inunde tu silencio
y una palabra antigua musite un hilo gris.
Dirás: es la verdad.
Y le abrirás las puertas
a los días sin culpa que mataste,
a la mentira o la verdad que fuiste.

SI PUDIERAN DECIRSE
Si pudieran decirse
estos misterios de la noche,
al borde de una cama,
frente al espacio absorto de un suelo iluminado
por turbio resplandor;
si pudiera decirse
cuánto llevamos vivos
o muertos,
si pudiera decirse si en estas ocasiones
se sabe o se confiesa la ignorancia,
si somos el cimiento
o la espuma del mundo,
o si tal vez tan sólo un silbido lejano
en el pozo sin fondo de la noche. 

ANTIGUO DISCO
Recuerda el tiempo ahora
de los que crees fueron
días felices,
porque tal vez lo fueran realmente
no sabías que todo se te daba,
juventud y distancia
para vagar sin prisa
y acaso echar de menos otros días.
Si dejaste escapar aquellas horas,
así te desdeñabas,
pródigo de ti mismo.
Esta música, ahora,
te certifica que la vida
fue siempre un poco menos
de lo que pudo,
pero que luego es mucho más
de lo que parecía.

DESPEDIDA
He venido, ya lo comprendes bien, sólo por una tarde;
he venido a decirte que todo da lo mismo.
Vivir es, finalmente, un duro encuentro
en un lugar vacío.
Te contemplo. Estás muda, ahí arriba;
arriba, bajo el techo,
junto a la viga.
En esta habitación de los días remotos
te apareces,
en esa mancha en la pared,
alegre o triste, ya no importa mucho,
puesto que nada habremos de decirnos.
¿Te quise? Qué pregunta.
Y es que lo vano del presente,
su ingravidez,
la dispersión de tantos días
todo lo que pone en duda: tú, yo mismo.
¿Y te guardo rencor?
Obvio es que no,  con tales presupuestos. 
La verdad es la suma
de un tiempo ya vencido.
A esa mancha, debajo de la viga,
no le guardo rencor, tampoco.
Ya digo, es más complejo
—y es peor, todavía—.
Así pues, te contemplo, simplemente.
Estás ahí, sentada,
en ningún tiempo ya,
duende de mi extravío.
Y, si quisiera hablarte,
peor sería.
La palabra levanta mucho polvo.
En esta transparecia
donde el mundo se aclara,
no es que me encuentre bien,
pero respondo a propia lejanía.
He seguido viviendo.
Ya sabes: duro lecho.
Aquí todo empezó y concluye todo.
Adiós. Al menos, es verdad
que estás ahí, callada,
como todas las cosas,
como si nunca hubieran existido.

Comentarios